Aguas grises
Las aguas grises son aquellas que salen por los desagües de bañeras, lavabos, pilas de la cocina, lavavajillas o lavadoras. Estas aguas, con un tratamiento sencillo, pueden ser fácilmente reutilizadas para diversidad de usos. El más común de estos usos es emplearla para rellenar las cisternas de los inodoros, que no requieren aguas de gran calidad. Pero también se pueden emplear para otros usos, como el riego de zonas verdes o la limpieza de exteriores.

Con un sistema que permita reutilizar las aguas grises de una casa en las cisternas se pueden ahorrar unos 50 litros por persona y día. Esto supone, en una familia media de cuatro personas, un ahorro medio de unos 200 litros por día, o, lo que es lo mismo, entre un 24 y un 27% del consumo diario de la vivienda. Pero si este sistema se implanta en hoteles o instalaciones deportivas, la cantidad de agua ahorrada aumenta hasta un 30%. Señores constructores, arquitectos, responsables de políticas urbanísticas, retengan el concepto en su cabeza: aguas grises.

La idea es alargar el ciclo de vida del agua todo el posible en los hogares reutilizándola. Lógicamente, el sistema es más costoso de instalar en casas ya construidas, pero no tanto en nuevos edificios. Sólo requiere conectar los desagües de lavabos y bañeras a un depósito donde se realizarían dos tratamientos de depuración: uno físico, mediante unos filtros que impedirían el paso de partículas sólidas, y otro químico, en el que al agua pasaría por un proceso de cloración mediante un dosificador automático y la dejaría lista para ser reutilizada.

Es fundamental para que el sistema sea eficiente, calcular correctamente el tamaño de este depósito, consiguiendo un equilibrio entre el espacio utilizado y la capacidad de procesar agua del mismo. Para viviendas unifamiliares puede ser suficiente un depósito de entre 0,5 y 1 metro cúbico. Para instalaciones hoteleras se puede instalar uno o varios depósitos de 25 metros cúbicos. La ubicación suele ser el sótano del edificio o, en algunos caos, la azotea, en cuyo caso la distribución hasta las cisternas sería más fácil aprovechando la fuerza de la gravedad.

El mantenimiento de todo el sistema de aguas grises se limita a una revisión anual de los filtros y el sistema de cloración. Un ahorro de agua considerable y sin cambiar los hábitos de vida.