Amazonia, crónica de una muerte anunciada
La Amazonia pierde selva sin cesar y su regeneración brilla por su ausencia. Un gravísimo problema, porque su capital verde es inmenso, pero no infinito. La cuenta atrás comenzó hace 65 años y todavía no se ha detenido. ¿Estamos ante la crónica de una muerte anunciada?

Si la tendencia no se revierte, sin duda lo estamos. Es de cajón. Si va diezmándose, no hay otro final posible: acabará desapareciendo. Así de dramático, así de triste: el pulmón del planeta, una de las zonas más biodiversas que todavía atesoramos tiene los días contados.

Amazonia, crónica de una muerte anunciada

Un sinfín de amenazas

¿Pero, qué las amenaza? Su destrucción comienza en 1970 considerado el inicio de un periodo que finaliza en 2000, y que supuso una pérdida de bosque de un 9,7 por ciento, según un reciente estudio publicado por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG).

Desde entonces hasta 2013 se ha producido una pérdida de un 3,6 por ciento, con una deforestación total que ya alcanza el 13,3 por ciento. Si bien las diferencias entre países es remarcable, y también la diversidad de amenazas, la ineficacia en el control de su destrucción es un elemento común.

Mientras Brasil es el país que más deforestación ha sufrido entre 2000 y 2013 por ganadería y agricultura mecanizada (se perdieron 174.000 kilómetros cuadrados), Ecuador perdió un 10,7 de su bosque, con el petróleo como principal amenaza.

Si bien la deforestación de la Amazonía brasileña se había controlado desde 2006, la situación ha vuelto a empeorar. Según un nuevo estudio gubernamental recién publicado, ésta aumentó un 16 por ciento entre agosto de 2014 y julio de 2015. O, lo que es lo mismo, casi 6.000 kilómetros 5.831 kilometros cuadrados menos.

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En Venezuela, por ejemplo, la pérdida fue de un 3,3 por ciento de bosque y la minería ilegal es el motivo. Por su parte, Perú ha perdido un 9,1 por ciento de su bosque amazónico a causa de las plantaciones agrícolas.

Los bosques amazónicos y las reservas sufren un sinfín de amenazas, como la extracción de petróleo, la minería, los incendios forestales, la ganadería, la agricultura a pequeña y gran escala y las sequías crónicas que trajo el cambio climático.

Además, se presiona a los pueblos indígenas, que habitan casi un tercio de la Amazonia. Se invade sus tierras de forma sistemática, se les “presiona y amenaza”, apunta el estudio.

La mitad de especies de árboles pueden extinguirse

Esta tromba de amenazas tiene en jaque a la mitad de todas las especies de árboles de la Amazonía, según concluye un estudio estadounidense.

Amazonia, crónica de una muerte anunciadaBasándose en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), los autores consideran que de sus más de 15.000 especies de árboles estarían amenazadas entre el 36 y el 57 por ciento.

El estudio, publicado en la revisa Science, no considera que la situación haya ido a peor. Al ser un trabajo pionero en estudiar las consecuencias de la deforestación en las distintas especies de árboles, sus resultados no son comparativos.

Es decir, sabemos que los bosques de la Amazonía empezaron a disminuir desde los cincuenta, y se han perdido muchas especies de árboles, pero hasta ahora se carecía de más datos.

Especies de animales en extinción

La deforestación, a su vez, ha provocado una importante disminución de las especies de animales. Además de ser un botín preciado para los cazadores clandestinos, el jaguar es una especie simbólica que va viendo reducirse su territorio conforme va menguando su hábitat en la selva amazónica.

Amazonia, crónica de una muerte anunciadaOtras especies en peligro de extinción son mono Golden Lion Tamarin, distintas especies del mono araña, la rana venenosa, la guacamaya jacinto, el perezoso de tres dedos, el águila arpía, entre otros muchos.

¿Hay futuro para la Amazonia?

Activistas y científicos critican el problema que supone no poder hacer frente a esas amenazas. Bien por falta de voluntad política o por falta de recursos para hacer cumplir la leyes, el resultado es una inoperancia que resulta frustrante.

Tal y como denuncia Rafael Salomão, director del Museo Emílio Goeldi, en Brasil, el problema de las áreas protegidas es doble. “No tienen plan de gestión o presupuesto ni personal cualificado”, con lo que su protección no se hace efectiva.

“Es una batalla que vamos a ver jugar en nuestras vidas”, dice William Laurance, investigador de la Universidad James Cook en Australia. Un campo de batalla que humeante, en el que se registran cada vez más muertes de árboles y una consiguiente pérdida de poder de absorción de CO2, de acuerdo con un estudio publicado en marzo de este año en la revista Nature.

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“Las tasas de mortalidad de los árboles se han incrementado en más de un tercio desde los ochenta y no podemos seguir confiando en los bosques para que nos solucionen el problema del carbono”, afirma Roel Brienen, autor del trabajo.

¿Qué futuro nos espera? ¿Seguirán muriendo árboles y desapareciendo especies o reaccionaremos a tiempo? El problema es buscar esa reacción inteligente. Además de mafias y grandes intereses, quizá hayamos de buscar también las verdaderas causas del problema en un mundo desigual, insolidario, que no tiene entre sus prioridades ayudar aspectos capitales como la justicia social y el respeto a la naturaleza.

La pregunta, entonces, sería: ¿Otro mundo es posible? Disquisiciones al margen ¿qué ocurrirá si no se protegen esas reservas?. Laurence lo expresa claro y medidiano: “La deforestación las convertirá en un desierto y seremos testigos de una extinción a gran escala”. Será inevitable. El principio del fin. Y es que cuando uno sierra la rama sobre la que está sentado las cosas difícilmente pueden salir bien…