Animales troquelados o improntados
Muchos recordarán con nostalgia la serie documental El hombre y la tierra, de Félix Rodríguez de la Fuente. Para su rodaje, se usaban a menudo animales troquelados. ¿Pero qué significa este término? Un animal troquelado o improntado es aquel que aprende un comportamiento irreversible con el que fija la especie a la que pertenece (que no significa que sea la que le corresponde por naturaleza). En otras palabras, un lobo troquelado cree que pertenece a otra especie, por ejemplo, la humana, porque se ha criado con personas desde pequeño. O si un bebé se cría con monos, él mismo se cree un mono.

Algunos defensores de los animales consideran que es un acto que va en contra de sus derechos. Pero, por otra parte, hace más fácil la divulgación de los comportamientos de los animales salvajes. Ni siquiera nuestro amigo Félix hubiera sido capaz de rodar algunas escenas con lobos salvajes. O con rapaces reales. Su vida hubiera corrido (aun más) peligro.

Los animales troquelados se han usado desde hace mucho tiempo para diversos espectáculos. En especial, para rodar películas de ficción, pero también documentales. El tiempo que tarda un animal en crear ese vínculo de pertenencia a una especie depende de la especie, valga la redundancia.

Algunas aves presentan un periodo muy corto, entre diez y veinte horas desde que salen del cascaron. En cambio, en el caso de los mamíferos, este periodo se alarga. Los lobos necesitan entre quince y cuarenta y cinco días de edad.

Hay dos improntas básicas en cualquier especie: la filial y la sexual. Si se quiere que en un futuro el animal troquelado pueda criar con individuos de su propia especie, se debe trabajar con la doble impronta.

Para rodar escenas con especies peligrosas es necesario troquelar animales. Y, aún así, se han producido desgraciados accidentes (desgraciados para el ser humano, se entiende). Algunas especies peligrosas de hábitos nocturnos, de costumbres huidizas o que viven en hábitats cerrados, como lobos, osos, grandes felinos, pueden dar sorpresas en los rodajes. En ocasiones, para más seguridad de los actores y el equipo técnico, se administra un tranquilizante al animal.

Fue una de las pocas críticas que recibió el naturalista y divulgador del medio ambiente Félix Rodríguez de la Fuente. Pero esta práctica quedó compensada por el respeto al medio ambiente que aprendieron varias generaciones.