Aparece de nuevo un ojo del Guadiana
El río Guadiana, en uno de sus tramos, aparece y desaparece. Son los llamados Ojos del Guadiana. El Guadiana nace en otro lugar, a 1.040 metros sobre el nivel del mar. Pero desaparece debido a las infiltraciones de agua. Y vuelve a aparecer en los Ojos del Guadiana. Por eso, en idioma español, se dice que una persona es “como el Guadiana”, aparece y desaparece y, de improviso, vuelve a aparecer.

Hace tiempo que no se ven los ojos del Guadiana. Pero, después del lluvioso invierno de hace un año y tras el último temporal, un ojo de agua ha asomado a la superficie en el llamado acuífero 23, no muy lejos del Molino de Griñón, en el término municipal de Daimiel (Ciudad Real). La zona es una de las menos elevadas del término municipal y se sitúa a unos 10 kilómetros de los Ojos del Guadiana, donde el agua está en una cota a 21 metros de profundidad desde hace dos semanas, mientras que, en otros lugares, se sitúa a 8 metros de profundidad.

Este fenómeno, un brote de agua en la superficie, no se producía desde hace tres décadas. Los técnicos de la Confederación Hidrográfica del Guadiana trabajan para estudiarlo y confirmarlo.

El ojo de agua fue localizado por la patrulla municipal que controla la evolución del río Azuer, que, acompañada el alcalde, José Díaz del Campo, y el concejal de Agricultura, Ramón Ruiz de la Hermosa, vigilaban la zona después de las fuertes lluvias producidas el anterior fin de semana.

Que aparezca un ojo repleto de agua significa el surgimiento de agua a nivel del terreno, y, por tanto, el ascenso del nivel freático en esta parte del término municipal de Daimiel. En los alrededores, no se encontraron indicios de encharcamientos provocados por las lluvias, lo que apoya la tesis de que se trata de agua procedente del acuífero.

Científicos e instituciones consideraron que los Ojos del Guadiana dejaron de manar en 1984 y, en 1990, se dictaminó judicialmente que esos terrenos estaban secos y, por tanto, eran privatizables y cultivables. El acuífero 23 ha llegado a secarse a causa de la sobreexplotación de sus aguas para cultivos de regadío y la existencia de la presa del embalse de Peñarroya. El acuífero 23 surte de agua a las Tablas de Daimiel, paraje declarado Parque Nacional en 1973.