Apicultura de ciudad
Las ciudades ya no quieren ser ciudades. Ya no quieren ser de asfalto y hormigón. Quieren estar más cerca de la naturaleza. Cada vez son más comunes los jardines verticales en las paredes de los edificios y loa huertos urbanos. Pero todavía se puede ir más allá y criar abejas en las ciudades.

Al menos, es lo que está ocurriendo en muchas ciudades del mundo. En el Reino Unido, por ejemplo, en sólo tres años, los miembros de la Asociación de Apicultura se ha duplicado y ya son 20.000 las personas que crían abejas. Muchos de ellos son jóvenes urbanitas que quieren transformar el concepto de ciudad para que sea más amigable con el medio ambiente. Así, se pueden ver colmenas en los techos de las oficinas, en los parques, en las escuelas o en los patios y jardines de las casas.

Para algunos de estos jóvenes apicultores se trata de aportar algo al cuidado del medio ambiente, como una pequeña contribución para salvar el planeta. Mantener una pequeña colmena no parece mucho, pero, en realidad, se introducen 50.000 polinizadores en la ciudad, algo que puede tener un enorme impacto sobre el medio ambiente. Además, aún puede considerarse más importante si se piensa en el problema de alta mortandad que están sufriendo las abejas en estos últimos años.

Para Vivian Wang, una abogada de 27 años, es una forma especial de conectarse con la naturaleza. Aunque, a veces, suponga tener que soportar algún picotazo. En este caso, se trata de una colmena en un undécimo piso del barrio de Manhattan. En la ciudad australiana de Melbourne la asociación de apicultores de la ciudad, con una capacidad de 160 miembros, tiene que rechazar a nuevos miembros por falta de recursos.

Berlín, París, las abejas urbanas proliferan. En Francia, hace años que se lleva a cabo un programa para poblar de colmenas las ciudades. En el caso concreto de París, el programa ha tenido un gran éxito: se han establecido más de trescientas colmenas en el centro de la capital. El programa francés ha logrado que las abejas recuperen el gusto por las flores y plantas urbanas, que se cambian periódicamente y les aseguran alimento todo el año sin trasladarse a grandes distancias. Numerosos edificios emblemáticos albergan ahora colmenas, como en el techo de la Opera de Garnier. Muchos edificios, incluyendo famosas galerías comerciales, museos y hoteles de categoría, han visto sus tejados y terrazas colonizados por abejas en los últimos años.

El hotel Eiffel Park decidió participar activamente en el programa y comenzó a criar abejas en una de sus terrazas, donde instaló tres colmenas. Con ellas produce 150 kilos de miel cada año que aprovecha para regalar a sus clientes o para que éstos disfruten de un desayuno inimitable, fresco y sano.

En la Casa Blanca

También Michelle Obama, la primera dama estadounidense, decidió que la Casa Blanca sería un buen lugar para una colmena (además de crear un huerto ecológico). Además de una mejor alimentación, con las abejas se asegura la polinización de las verduras cultivadas en el huerto. La colmena de la Casa Blanca es cuidada por un apicultor de la zona, Charlie Brandts. Las abejas, según sus declaraciones, son muy dóciles.

Quizá sea una forma de salvarlas. Y de mantener las ciudades más cerca de la naturaleza, con más plantas y flores en buenas condiciones.

Hay que señalar que en algunos países es más difícil criar abejas en la ciudad. La abeja española, por ejemplo, es una subespecie algo más agresiva que la que vive más al norte de los Pirineos y mucho más que las especies que habitan aún más al norte y al este de Europa. Aunque hay especies híbridas creadas por el hombre como la abeja buckfast, de comportamiento muy manso.