Aprender de los errores del pasado
El organismo internacional sobre biodiversidad no quiere cometer los mismos errores del pasado. Así se desprende de un artículo publicado los profesores Charles Perrings, de la Universidad de Arizona, y Hal Mooney, de la Universidad de Stanford, en la revista Science. La publicación de este artículo se produce pocos días antes de que se inicie en Kenia la reunión anual del consejo de gobierno del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA).

Durante esta reunión, que se celebrará a finales de febrero, se espera que el PNUMA reciba el mandato formal para organizar el primer plenario de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios del Ecosistema (IPBES por sus siglas en inglés).

Esta plataforma, IPBES, tiene una función similar a la del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), pero centrándose en la búsqueda de soluciones científicas que apoyen a los gobiernos en los procesos de toma de decisiones que eviten la pérdida de especies animales y vegetales, y de sus ecosistemas. La reputación del IPCC fue dañada por evaluaciones erróneas planteadas con escenarios creados por los científicos. Los autores del citado artículo creen que el nuevo organismo tiene que trabajar de forma distinta que, por ejemplo, el IPCC, cuyas evaluaciones estaban creadas en torno a escenarios planteados por los científicos.

La polémica surgió en 2009, cuando salieron a la luz unos correos electrónicos de la Unidad de Investigación Climatológica (CRU) de la Universidad británica de East Anglia, que sugerían un intento de exagerar los niveles del calentamiento global. El propio secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ordenó revisar las políticas, procedimientos y estructura organizativa que emplea el IPCC para evaluar e informar sobre el cambio climático tras detectarse errores en algunos de sus trabajos.

En definitiva, tener en cuenta, según estos autores, qué quieren hacer los gobiernos respecto a los temas medioambientales y la biodiversidad para que los científicos aborden la cuestión y den asesoramiento práctico. No es el trabajo del científico redactar políticas sino advertir de las consecuencias de las distintas políticas que se puedan adoptar.

Además, los científicos también tienen que tener en cuenta el valor de los servicios de los ecosistemas en términos económicos o los beneficios de las inversiones medioambientales.