El horror de Chernobyl está escrito en sus árboles
Los bosques radioactivos de la zona del desastre nuclear de Chernobyl ocurrido en 1986 son un filón para investigar el impacto ambiental provocado por el accidente. Sin ir más lejos, los árboles que rodean la zona de exclusión de la planta nuclear constituyen una auténtica bomba de relojería que un incendio forestal podría hacer estallar en cualquier momento.

Sin embargo, no ha sido este peligro el que ha llevado a los científicos a estudiar sus árboles, cuya capacidad de provocar una devastadora nube de humo radioactivo similar a una bomba nuclear se conoce de sobra. Su objetivo ha sido ahondar en el impacto ambiental de la radiación a través de las marcas que quedan en los árboles.

Llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Carolina del Sur, en Estados Unidos, este es el primer informe que se realiza a gran escala sobre el impacto medioambiental de la radiación, concluyendo que el impacto genético ha sido de órdago, si bien los árboles jóvenes fueron los más afectados.

Pinos silvestres

Los resultados confirman las conclusiones de investigaciones anteriores de carácter menor, pues esta vez se han analizado más de un centenar de pinos silvestres ubicados en distintos lugares. Concretamente, el estudio se ha centrado en el crecimiento, y no tanto en la estructura de la madera, como otros estudios.

El horror de Chernobyl está escrito en sus árboles
Se estudian los pinos por ser una especie más fácil de analizar a través de sus anillos que otros árboles de la zona, como los abedules. Es así como se ha concluido que los árboles han recibido el impacto de la lluvia radioactiva, con la consecuencia de una fase destructiva durante los primeros años y unas consecuencias terribles después para los árboles que sobrevivieron, tremendamente vulnerables a factores medioambientales como la sequía o los cambios de temperatura.

Los científicos también destacan el crecimiento de “formaciones nudosas anormales que reflejan los efectos de mutaciones y muerte de células como resultado de la exposición a la radiación”, explican. Por último, señalan que su próximo trabajo será analizar la radiación de los pinos cercanos a la central nuclear de Fukushima, accidentada tras el terremoto sufrido en Japón en 2011.