Arenas de petróleo, más contaminantes que los pozos de extracción
Las arenas de petróleo, arenas bituminosas o arenas de alquitrán son una mezcla de arena, arcilla, agua y una especie de betún que, si se separa del resto de componentes, se puede tratar y convertir en petróleo crudo del que, después, tratado en refinerías, se sacan productos derivados del petróleo. Sólo el hecho de ser un tipo de petróleo, es decir, de ser altamente contaminante, tendría que ser suficiente para impedir esta industria. Pero hay que sumar otras circunstancias que aumentan su efecto dañino contra el medio ambiente.

El tratamiento de las arenas de petróleo afecta a las tierras, al agua y al aire de la zona. Por tanto, también a la fauna. No se puede contaminar más.

Las compañías petroleras están viendo que se les acaba el negocio de la perforación y han invertido para que sea viable producir petróleo a partir de las arena bituminosas. En otras palabras, han invertido para seguir contaminando… si cabe, más que antes.

El proceso de extracción de petróleo consume enormes cantidades de agua y energía, ya que se tiene que usar agua hirviendo para separar los elementos, y produce una enorme cantidad de gases de efecto invernadero, como dióxido de sulfuro, óxidos nitrosos o dióxidos de carbono.

Canadá y Venezuela son dos de los países donde hay una mayor cantidad de arenas de petróleo y donde se están tratando. De hecho, el 75% de las reservas mundiales se encuentra en Athabasca (Canadá) y en la Faja Petrolífera del Orinoco (Venezuela). Otros setenta países tienen este tipo de depósitos.

En Canadá, se producen cerca de un millón de barriles diarios y se espera ampliar el negocio por valor de unos 53.000 millones de euros. Hay más de seis plantas de explotación. El 80% de la producción se exporta a Estados Unidos. Cuando se explota una de estas minas, se transforma el ecosistema y los animales tienen que huir de allí. De hecho, Syncrude Canada, la empresa más grande del mundo de arenas de alquitrán ha admitido que unos 1.606 patos han muerto por posarse en una de balsas de residuos ubicada en el norte de la provincia canadiense de Alberta. Además, en la mayoría de los casos, se dejan enormes cráteres de varios kilómetros de extensión y centenares de metros de profundidad.