Arroz dorado: ¿La panacea o un riesgo para la salud y el medio ambiente?
Es un arroz del color del oro, y promete salvar vidas, pero ha salido de un laboratorio. El hecho de ser modificado genéticamente ha levantado un revuelto que más bien podría definirse como una guerra abierta entre los partidarios de la transgenia y aquellos que la rechazan de plano por atentar contra la salud y el medio ambiente.

Mientras Greenpeace nos advierte que no es oro todo lo que reluce, en clara alusión al color dorado del arroz y, sobre todo, a los beneficios atribuidos al mismo, la flor y la nata de la ciencia define su rechazo duramente, acusando a la organización ecologista de cometer un “crimen contra la humanidad”. Tengan razón unos, otros, ambos o ninguno, lo cierto es que la polémica está servida.

Una guerra que viene de lejos

El rechazo de la transgenia por parte de las organizaciones ecologistas y por buena parte de la población se remonta a los primeros cultivos transgénicos, y desde entonces, décadas atrás, la situación no ha hecho sino recrudecerse.

No podía ser de otro modo, habida cuenta de los problemas de seguridad alimentaria que plantean factores de tanto peso como la superpoblación y los eventos extremos ocasionados por el cambio climático. Además, no cabe duda de que la apuesta por una agricultura intensiva, en las antípodas de la ecológica, precisa multiplicar beneficios a costa de cualquier cosa, haciendo un uso y abuso de semillas transgénicas, pesticidas y fertilizantes químicos.

Arroz dorado: ¿La panacea o un riesgo para la salud y el medio ambiente?
¿Cuál es la mejor apuesta, la economía global o local? ¿Y, dentro de ésta, es preferible fomentar los cultivos ecológicos o proporcionar semillas transgénicas para asegurar las cosechas?

Como siempre, todo depende de las circunstancias, así como de las premisas de las que partamos. Mientras el activismo verde no duda en afirmar que la economía local basada en la agricultura orgánica es el modelo al que hay que tender, otras voces sostienen que los cultivos transgénicos pueden paliar el hambre en el mundo ayudando a mejorar las cosechas en cantidad y resistencia frente a riesgos climáticos.

Los argumentos de Greenpeace

Dentro de este contexto han de entenderse las polémicas suscitadas en torno al arroz transgénico dorado. Llamado en inglés Golden Rice, Greenpeace puede considerarse la punta de lanza de la oposición contra lo que llama “una peligrosa ilusión”.

Este tipo de arroz es una variante creada en 1999 para producir un precursor de la vitamina A. La modificación de sus genes pretende paliar un problema endémico en el mundo que afecta a cientos de miles de personas, sobre todo niños. En especial, la Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de 500.000 niños se quedan ciegos cada año por falta de esta vitamina, y la mitad de ellos muere en el año siguiente de perder la visión.

Arroz dorado: ¿La panacea o un riesgo para la salud y el medio ambiente?
Son casi dos décadas de investigación las dedicadas a mejorar la eficacia a este respecto, según afirman, logrando una producción suficiente de esta provitamina para el fin que se pretende. Sin embargo, Greenpeace sigue en sus trece.

No solo con respecto al arroz dorado, sino también hacia los organismos modificados genéticamente. Si resuelve el problema, apuntan, lo hace solo parcialmente. Esos riesgos a los que aludían, esa “peligrosa ilusión” hace referencia al coste que habría que pagar para solucionar el problema.

A juicio de la organización, se estaría optando por matar moscas a cañonazos. Intentaré explicarlo: en el caso de que pudiera salvar la vida a muchas personas, de acuerdo con Greenpeace, ésta no es la única manera de lograrlo.

Arroz dorado: ¿La panacea o un riesgo para la salud y el medio ambiente?
Un extremo que pone en duda cuando afirma en su página web que “ni siquiera es seguro que el consumo diario de este arroz sea suficiente para las personas con deficiencia en vitamina A para evitar consecuencias negativas tales como pérdida de la visión nocturna”.

Aunque llegara serlo o ya lo fuese, la organización afirma que existen otras formas sencillas de solucionar el problema, como las siguientes:

Hay algunas estrategias simples y probadas para aliviar la deficiencia en provitamina A. Por ejemplo, distribuir los preparados que la contienen, añadirla en los alimentos básicos y crear huertos en las zonas pobres para cultivar frutas y verduras.

Que no se hayan tenido iniciativas en este sentido, esperando de forma absurda que la industria de los transgénicos pase dos décadas creando su arroz dorado ha supuesto muertes cada año. Sobre todo, habida cuenta de que este arroz transgénico es una mala solución para resolver el problema.

Arroz dorado: ¿La panacea o un riesgo para la salud y el medio ambiente?
“Cada vez está más claro que el arroz dorado es arriesgado y que el enfoque apropiado para resolver este problema es mucho más simple y podría haberse iniciado hace mucho tiempo”, sostienen. En lugar de un monocultivo transgénico, Greenpeace propone apostar por la diversidad.

No hacerlo supondría, según la ONG, una montaña de problemas, pues sus efectos sobre la salud humana son “desconocidos” y ocasionarán daños ambientales derivados de su cultivo. En concreto, “contaminarán las variedades tradicionales y silvestres de arroz”, poniendo en peligro la seguridad de este alimento básico, que que alimenta a más de la mitad de la población mundial.

Igualmente, afirman que el arroz dorado conduce a una dieta desequilibrada que impide luchar eficazmente contra la desnutrición. Su solución, en definitiva, no es otra que recurrir a políticas que fomenten esa dieta diversa.

Arroz dorado: ¿La panacea o un riesgo para la salud y el medio ambiente?
Tras un periodo de transición en el que se suministraran “preparados vitamínicos”, luego, a medio y largo plazo, se trabajaría para que consigan una dieta variada, la “única manera” de erradicar la desnutrición.

‘Crimen contra la humanidad’, según 109 nobeles

Estos argumentos no parecen convencer a quienes están en frente. El último episodio de esta larga guerra lo han protagonizado más de un centenar de premios Nobel que han firmado una carta muy dura.

Una carta abierta en la que arremeten contra Greenpeace, acusándola de cometer un “crimen contra la humanidad” por su rechazo a “los organismos modificados genéticamente en general y el arroz dorado en particular”:

Greenpeace ha encabezado la oposición al arroz dorado, que tiene el potencial de reducir o eliminar gran parte de las muertes y las enfermedades causadas por la deficiencia de vitamina A, que se ceban con las personas más pobres de África y el sudeste asiático”, lamentan los 109 premios Nobel. “¿Cuántas personas pobres deben morir en el mundo antes de que consideremos esto un crimen contra la humanidad?

Entre los firmantes encontramos sobre todo a galardonados en las categorías de Química y Medicina, como el descubridor de la estructura del ADN, el biólogo estadounidense James Watson o la responsable de la bioquímica israelí Ada Yonath, responsable de desentrañar la estructura del ribosoma, responsable de la biosíntesis de las proteínas del cuerpo humano.