Ballenas piloto quedan varadas en Nueva Zelanda
Un total de cincuenta y ocho ballenas han llegado a las playas de Kaitaia, en el extremo norte de Nueva Zelanda, y han quedado varadas en la arena. Los vecinos de la zona intentan devolverlas al mar, pero cuarenta y tres de ellas ya han muerto. Las quince supervivientes son vigiladas por un grupo de voluntarios y, cuando se produce la marea alta, se intenta devolver a los cetáceos a su hábitat natural, aunque, por el momento, con resultados infructuosos. La jefa ejecutiva del Proyecto Jonah, Kimberly Muncaster, informó que las quince ballenas que continúan con vida se encuentran en malas condiciones y tiene pocas esperanzas de salvar a estos cetáceos. “Sospechamos que se quedaron varadas por la noche, y lamentablemente solo sobrevivieron quince de ellas”, ha comentado Mike Davies, del Departamento de Conservación, que no pudo enterarse del incidente hasta días después de haberse producido.

Polly Raharuri-Toby, una residente local citada por la televisión estatal TVNZ, señaló que el mar está “realmente embravecido” y que hace mucho frío. Los voluntarios intentarán reagrupar a todos los animales. La lluvia no deja de caer y eso evita el riesgo de que las ballenas piloto se deshidraten pero, por otra parte, complica enormemente los intentos que se realizan para devolverlas al mar. Pero no es el único peligro. Las ballenas piloto pesan aproximadamente una tonelada y media y miden entre 3 y 7 metros y, varadas en la playa, sus pulmones pueden quedar aplastados. Este tipo de ballenas son cetáceos que pertenecen a la familia Delphinidae, la misma familia que los delfines. También se denominan calderones. Se caracterizan por la frente abombada.

En 1997 y durante una semana ocurrieron dos sucesos similares en la misma zona. En ambas ocasiones también murieron la mayoría de las ballenas piloto. El experto Anton van Helden ha explicado que la zona tiene playas extensas y poco profundas de arena y es en este tipo de orografía donde pueden quedar varados los animales marinos. Según algunos expertos, estos animales pueden quedar desorientados por algún ruido, como un sonar, mientras persiguen bancos de peces.