Beneficios del agua pública
El agua es un bien común, es patrimonio de todos, no sólo de los seres humanos, sino de todos los seres vivos. Es parte de la naturaleza, del planeta y, por tanto, tenemos la obligación de gestionar su uso de forma justa y responsable, garantizando su disfrute a las generaciones que nos seguirán.

En Madrid, el Canal de Isabel II se encarga de recoger, purificar y llevar el agua hasta todos los hogares. Pero, aunque parezca una falacia decirlo, no la fabrica, ni la embotella. La gestiona. Y como corresponde, pues es una empresa pública: de todos. Como el agua, que es de todos.

El Canal de Isabel II se financia poniendo un precio razonable al agua del grifo. Cuando hay beneficios, se reinvierten en la comunidad, en mejoras para los ciudadanos. Porque es una empresa pública y ése es precisamente el sentido de las empresas públicas, no hay que olvidarlo.

El Gobierno de la Comunidad de Madrid, presidido por Esperanza Aguirre, lleva meses negociando la venta del 49% de esta empresa pública a manos privadas, que, por supuesto, están deseando cerrar el negocio: ganarían un recurso inagotable y gratuito, una infraestructura sólida construida por el Estado durante más de 150 años y una gestión eficiente que da beneficios.

Comprarla es un buen negocio. Venderla es una pésima decisión. La privatización, el paso a la gestión privada, tiene dos consecuencias inmediatas: un empeoramiento de la calidad y una subida del precio del agua pública, porque la intención de cualquier dueño de una empresa privada es maximizar beneficios. Es su razón de ser. Es lógico. Por eso es una empresa. Si no, sería una ONG.

París privatizó el servicio de agua en 1985 con un contrato de 25 años. Pasado este periodo decidió no renovar el contrato y la gestión del agua volvió a ser pública.

La prueba de que algo podrido huele en todo este asunto es el secretismo con que se lleva. La Comunidad de Madrid no impulsa un debate sobre el tema. Pero los ciudadanos no se van a quedar callados. La Plataforma contra la Privatización del Canal de Isabel II, con la colaboración de otras organizaciones, celebrarán una consulta popular en la que se preguntará a los vecinos de Madrid si quieren que el agua que usan para beber, cocinar, ducharse y lavar, en definitiva, para vivir, siga siendo un bien común o se convierta en una mercancía. El próximo domingo, cualquier ciudadano podrá opinar.