Biocombustibles de segunda generación
No son pocos los que critican el uso de biocombustibles pues les achacan el aumento de los precios de algunos alimentos básicos, además de otros inconvenientes como que el aumento de tierras agrícolas supondrá una reducción de la superficie de los bosques o un gasto excesivo de agua, recurso escaso en muchas zonas del planeta. Sin embargo, en la actualidad se está empezando a experimentar con los llamados biocombustibles de segunda generación, que son los obtenidos de cultivos no usados para la alimentación. Según Mercedes Ballesteros, responsable de biomasa del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas de España (Ciemat), estos biocombustibles comenzarán a comercializarse dentro de unos diez años.

Estos biocombustibles se fabrican a partir de productos no aptos para el consumo humano, como paja de cereal, restos de madera, residuos sólidos urbanos e, incluso, aceites vegetales tratados con hidrógeno. Se trata, pues, de materias primas baratas y que no tienen otros usos y, en unos años, sustituirán a los biocombustibles utilizados actualmente.

Ahora bien, como es habitual, aún falta invertir en infraestructuras que permitan comercializar las nuevas aplicaciones. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en todo el mundo sólo funcionan sesenta y seis plantas de demostración de biocombustibles de segunda generación y, además, la viabilidad de estos proyectos no está del todo clara aún. España, sin ir más lejos, sólo cuenta con una planta, propiedad de Abengoa, que utiliza como materia prima la paja del cereal.

Beatriz Álvarez, de la sección de biocarburantes de la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), más optimista, cree que los primeros biocombustibles no alimentarios serán comerciales en un par de años, mientras el investigador de Repsol Enrique Espí ve esta tecnología como una simple transición hacia los carburantes a partir de algas, pero hasta dentro de cinco años no se sabrá si serán competitivas con los cultivos terrestres.

De momento, el Plan de Acción de Energías Renovables elaborado por el Gobierno de España, no prevé una producción relevante de biocombustibles de segunda generación hasta 2018 y tampoco precisa el porcentaje en que se mezclarán con los fósiles.