Biopiratería en la Amazonia
La biopiratería es una práctica en la que investigadores o empresas utilizan ilegalmente la biodiversidad de países en desarrollo y los conocimientos colectivos de pueblos indígenas o campesinos para realizar productos y servicios que se explotan comercial e industrialmente sin la autorización de sus creadores o innovadores.

En la Amazonia, comienza a ser un grave problema. Se están firmando contratos con etnias indígenas que permiten a empresas extranjeras acceder a sus tierras para llevar a cabo una explotación de la biodiversidad. Uno de los casos se está dando en Brasil, donde unos indios de la etnia mundurucú cedieron, por 120 millones de dólares, los derechos sobre sus tierras a una empresa irlandesa para negociar créditos de carbono.

Celestial Green Ventures es el nombre de esta empresa irlandesa. Se autocalifica como líder mundial en el sector. Sólo en Brasil, tiene 16 proyectos que suman 200.000 kilómetros cuadrados, un área mayor a la superficie de Uruguay.

El acuerdo citado establece que, durante treinta años, los indios estarán impedidos de plantar o extraer maderas de sus tierras, a las que, en cambio, la empresa sí tendrá un acceso absoluto. Las autoridades brasileñas advierten de que este y otros contratos similares no suponen otra cosa más que un nuevo canal para disfrazar acciones de biopiratería.

Otras propuestas de contratos presentadas a comunidades indígenas incluyen cláusulas de libre acceso a sus tierras y a todo el patrimonio biológico que contenga. En la práctica, esto puede facilitar acciones como el uso con fines comerciales o científicos de recursos de la biodiversidad, ha aclarado la ministra brasileña de Medio Ambiente, Izabella Teixeira.

Desde Funai (Fundación Nacional del Indio) indican que el pretexto para esa cláusula es la supervisión del área para que las empresas puedan acompañar la preservación de la selva. Pero la falta de reglamentación permite otras actividades e investigaciones no relacionadas con el comercio de carbono.

Los derechos de emisiones de carbono se convierten, en definitiva, en materia de negocio y especulación. O, aún peor, en tapadera para actividades ilegales.