Bolivia prepara la Ley de la Madre TierraBolivia puede hacer historia. Se veía venir desde la cumbre de Cancún, donde ya se presentó la idea. El presidente boliviano, Evo Morales, quiere promulgar la primera ley en el mundo que otorgaría a la naturaleza los mismos derechos que a los seres humanos. De este modo, consideraría en el mismo nivel de igualdad al ser humano, a las plantas, a los animales, a los ríos o a las montañas. La Ley de la Madre Tierra, pues así se llamará, ha sido acordada por los políticos bolivianos y cuenta con un fuerte apoyo popular.

Hay más. Redefine las riquezas minerales del país como “bendiciones” y propone radicales medidas de conservación para reducir la contaminación y controlar la industria. Porque, y aquí viene lo que muchos habitantes de las grandes ciudades sin duda envidiarán, respirar aire puro será considerado como un derecho fundamental.

Hay seis principios en la Ley de la Madre Tierra. Son los siguientes (entre paréntesis, texto que no pertenece a la ley):

1. Armonía. Las actividades humanas, respetando la pluralidad y la diversidad, deben lograr equilibrios dinámicos con los ciclos y procesos inherentes a la Madre Tierra. (En cierto sentido, no es otra cosa que promover la sostenibilidad medioambiental.)

2. Bien Colectivo. El interés de la sociedad, en el marco de los derechos de la Madre Tierra, prevalecen en toda actividad humana y sobre cualquier derecho adquirido. (Es decir, que nadie ni nada debe estar por encima del propio planeta.)

3. Garantía de regeneración de la Madre Tierra. El Estado, en sus diferentes niveles, y la sociedad, en armonía con el interés común, deben garantizar las condiciones necesarias para que los diversos sistemas de vida de la Madre Tierra puedan absorber daños, adaptarse a las perturbaciones, y regenerarse sin alterar significativamente sus características de estructura y funcionalidad, reconociendo que los sistemas de vida tienen límites en su capacidad de regenerarse, y que la humanidad tienen límites en su capacidad de revertir sus acciones.

4. Respeto y defensa de los Derechos de la Madre Tierra. El Estado y cualquier persona individual o colectiva respetan, protegen y garantizan los derechos de la Madre Tierra para el Vivir Bien de las generaciones actuales y las futuras. (Es el Estado boliviano en este caso el que debe hacer respetar estos derechos de la Madre Tierra, igual que debe hacer respetar otros derechos fundamentales como el derecho a la vida, a la libertad, al trabajo, etc.)

5. No mercantilización. Por el que no pueden ser mercantilizados los sistemas de vida, ni los procesos que sustentan, ni formar parte del patrimonio privado de nadie. (El planeta, la naturaleza, no se puede privatizar. Esta idea es totalmente contraria al pensamiento neoliberal. No hace mucho que el Gobierno inglés pretendió vender sus históricos bosques. Afortunadamente, las protestas ciudadanas lo impidieron. Por otra parte, la presidenta de la Comunidad de Madrid, en España, quiere privatizar la gestión del agua potable que llega a todos los ciudadanos, otro recurso natural e indispensable. Aún no se ha atrevido. Aunque tampoco lo ha descartado definitivamente.)

6. Interculturalidad. El ejercicio de los derechos de la Madre Tierra requiere del reconocimiento, recuperación, respeto, protección, y diálogo de la diversidad de sentires, valores, saberes, conocimientos, prácticas, habilidades, trascendencias, transformaciones, ciencias, tecnologías y normas, de todas las culturas del mundo que buscan convivir en armonía con la naturaleza. (Todos tenemos que vivir en este planeta y en esto no hay distinción de raza, clase o de cualquier otro tipo. Todos nos beneficiamos de los recursos que proporciona la Tierra y todos deberíamos cuidarla. Por nosotros y, sobre todo, por las futuras generaciones.)

Derechos básicos de la Madre Naturaleza

Además, la Ley de la Madre Tierra concede derechos básicos a la naturaleza, como son el derecho a la vida y a la existencia; el derecho a la diversidad de la vida; el derecho a tener un agua en cantidad y calidad necesarias y sin contaminación; el derecho a un aire limpio; el derecho al equilibrio; el derecho a la restauración de los sistemas de vida afectados por las actividades humanas; y el derecho a vivir libre de contaminación.

En definitiva, esta original ley, única en el mundo, lo único que pretende es respetar y conservar el medio ambiente y tratar de que el ser humano lleve una existencia sostenible con respecto a los recursos limitados que proporciona el planeta. Una ley ecologista con loables propósitos pero, ay, no será de fácil aplicación. Queda una ardua tarea para que todos esos derechos se respeten por completo.