Bosques y montes son patrimonio de todos
No contentos con el sacrificio de, con los impuestos de todos, arreglar la crisis económica creada por bancos y el sistema financiero en general, los más acérrimos defensores del neoliberalismo quieren aplicar la receta (por otra parte, la que siempre han defendido) de vender lo que es de todos para paliar el déficit público. Si Esperanza Aguirre, Presidenta de la Comunidad de Madrid, aún no ha descartado vender parte del Canal de Isabel II, es decir, de vender el agua que nos pertenece a todos, el Gobierno de Reino Unido ha decidido vender uno de los más preciados recursos naturales de este país, los bosques, bosques que son de todos y de nadie y con los que no se tendría que permitir ningún tipo de comercio.

Mientras tanto, en España, expertos forestales y ecologistas coinciden en que sería un inmenso error que se siguiera el ejemplo de Reino Unido. Para estos grupos los montes son el mayor patrimonio del Estado y, por tanto, consideran que sería lo mismo que vender La Alhambra de Granada, el Monasterio de El Escorial o el Museo del Prado.

Para el secretario general del Colegio de Ingenieros Técnicos Forestales, Santiago de la Calle, vender montes a particulares o empresas tendría un efecto desastroso para el medio natural y, en general, para toda la sociedad, que es la que, a la postre, se beneficia de ellos. Para De la Calle, se trata, probablemente, del patrimonio más importante que tiene el Estado y precisamente su mayor valor son sus beneficios no tangibles.

Entre otros beneficios se encuentran la regulación del ciclo hidrológico, la calidad de las aguas, el tipo de erosión, el valor como sumideros de carbono y mitigador del cambio climático, el valor turístico, recreativo y muchos más que no son cuantificables en valor monetario, que es lo que único que parece importar a algunos políticos. En manos privadas, su gestión, conservación y cuidado sería mucho más complicado por su falta de rentabilidad económica.

Los principales grupos ecologistas coinciden con los expertos forestales en que los montes deben seguir perteneciendo al Estado ya que, pese a que no son rentables, ofrecen muchos beneficios medioambientales.

¡Pobre Robin Hood!