Carne picada de insectos: ¿el futuro de la alimentación sostenible?
La alimentación sostenible es todo un reto para la humanidad a medio y largo plazo. El mundo se enfrenta a un gran desafío: o dejamos de multiplicarnos, lo que implicaría frenar la sobrepoblación -básicamente disminuyendo las tasas de natalidad con la aplicación de medidas económicas y sociales en países en desarrollo- o encontramos el modo de que la producción de alimentos permita saciar a los cada vez más numerosos estómagos.

Aún así, el mundo es finito, y no sólo se trata de controlar la alimentación sino también del uso y abuso de recursos básicos y el avance del calentamiento global, con lo que ello supone para el medio ambiente y para el ser humano. ¿Qué hacer, entonces, acaso el futuro de la humanidad está en otros mundos? ¿Nos espera la extinción? Afortunadamente, todavía estamos a tiempo de reaccionar.

Así las cosas, con pronósticos científicos que anuncian el fin de la actual era industrial prácticamente mañana, las soluciones han de ser imaginativas, contar con voluntad política y ciudadana, además de aplicarse de forma urgente. Sin embargo, para qué engañarnos, las cosas parecen estar estancadas. El cambio climático sigue avanzando, sin acuerdo global vinculante (las esperanzas están puestas en la COP21 de París), y la población crece exponencialmente mientras los niveles de contaminación, la deforestación y otras barbaries ambientales se multiplican.

Posibles sustitutos de la carne

Reducir el consumo de carne es una de las propuestas más recurrentes. Los expertos afirman que un mundo vegeteriano sería mucho más sostenible, pero la realidad es muy tozuda, y por mucho que la teoría sea perfecta, a la hora de llevarla a la práctica cambiar la mentalidad de la gente en plan masivo es un obstáculo insalvable.

Carne picada de insectos: ¿el futuro de la alimentación sostenible?
La carne de laboratorio es una posible alternativa. Sus ingredientes se basan en productos vegetales y algunas de ellas tienen un aspecto similar y auténtico sabor a pollo o a la típica hamburguesa, como las que fabrica la empresa Beyond Meat.

Otra alternativa sería sacar la carne de donde menos lo imaginamos. O quizá sí, sobre todo si hemos leído el titular del post. En efecto, una alternativa son los insectos, pero de nuevo chocan con la aversión que provocan en buena parte de la población.

¿Acabaremos siendo insectívoros?

No es algo general, aunque cueste creerlo. Para algunas culturas son un auténtico manjar o, cuando menos, una comida de lo más normal. Las brochetas de insectos son un alimento habitual que goza de gran popularidad, pues incluso la preparan los vendedores en los mercados asiáticos. En China es relativamente fácil encontrar un puesto de venta ambulante o un restaurante donde nos preparen una brocheta de capullos de polilla o de escarabajos, pongamos por caso, entre un sinfín de recetas insectívoras.

Carne picada de insectos: ¿el futuro de la alimentación sostenible?
Aunque el tema nos deje boquiabiertos, y no precisamente con ganas de hincar el diente, los insectos ya son una realidad como fuente de alimentación. Según la FAO, en el mundo se consumen más de 1.900 especies de insectos, cuando hay casi un millón de especies conocidas.

Los más consumidos son los escarabajos (31%), las orugas (18%), las hormigas, abejas y avispas (14%), saltamontes, grillos y langostas (13%). Además, son ricos desde un punto de vista nutritivo y su producción no supone un problema a nivel climático. Aún así, con todas su virtudes ambientales y nutricionales, hay buena parte de la población que no puede superar la barrera mental.

Hoy por hoy, es una lejana utopía pensar que el ser humano pueda salvarse gracias a los insectos. Omnívoros ante todo, obviamente, pero hoy por hoy nuestro lado carnívoro convencional gana la partida de largo, al menos en las sociedades occidentales y, en general, en buena parte del planeta.

Degustación gourmet: pastel de carne de insectos

No es un problema ético en su gran mayoría, pues si así fuera la opción del veganismo es una manera de evitarlo y al mismo tiempo de cuidar el planeta, sino de repulsión, de aprehensión pura y dura. Por lo tanto, se impone una vuelta de tuerca para dar con una solución. ¿Cómo conseguir que los insectos gusten? Quizá convirtiéndolos en carne picada, similar a la que normalmente comemos…

Carne picada de insectos: ¿el futuro de la alimentación sostenible?
Por esta opción han apostado estas fiestas navideñas el programa de televisión Grastronuts, de la BBC, conducido por la célebre presentadora Stefan Gates. En él se abordó a los ciudadanos cuando hacían sus compras navideñas en un mercado londinense, invitándoles a probar una delicia gastronómica que parecía un pastel de carne típico. El saltamontes y los gusanitos que adornaban las tartaletas indicaba la procedencia de aquella carne picada…

La delicia podría haber sido perfectamente chorizo o paté hecho a base de carne de insectos, pongamos por caso, pero en esta ocasión, fieles a la tradición británica, optaron por pasteles elaborados a partir de larvas de gusanos de la harina y escarabajos, langostas (una especie de saltamontes) como ingredientes sorpresa.

Muchos compradores se atrevieron a probarlo, y para su sorpresa tenía un rico sabor. El desafío alimentario se saldó con un gran éxito, pero no faltaron las caras de auténtica repulsión mientras intentaban autosugestionarse. Fue una proeza comerlo para ellos, pero lo cierto es que un tercio de la población mundial hubiera estado encantado de poder comerlo.

Más allá de la anécdota, el experimento sirve para que las personas reconsideremos otras opciones a la hora de comer, así como la importancia de una alimentación sostenible. Y, ya puestos, llegados a este punto sería genial sopesar la posibilidad de hacer una dieta vegana, ética en todos los sentidos.