Así nos ayudará la tecnología a cultivar nuestros propios alimentos
No es casual la tendencia de los huertos urbanos e incluso de los micro huertos, que podemos tener en espacios tan reducidos como el balcón o incluso en el alféizar de las ventanas.

Cultivar nuestros propios alimentos obedece a muy distintas razones y ninguna de ellas parece estar en horas bajas. Muy al contrario, si de modas que han llegado para quedarse se trata, el cultivo de alimentos es un firme candidato.

Sin embargo, mucho queda que avanzar para que los resultados nos permitan poder prescindir de los supermercados. El entramado industrial del sector agrícola sigue siendo, con diferencia, la fórmula dominante. Cuesta imaginar otra realidad, en verdad.

Pero las cosas podrían cambiar. La tecnología podría ayudarnos a que los auto cultivos se conviertan en realmente productivos. A darnos la clave de la autosuficiencia.

Así nos ayudará la tecnología a cultivar nuestros propios alimentos
Gracias a sensores, la elaboración de algoritmos y, por ejemplo, a software, entre otros apps y sistemas o marcos de trabajo de código abierto, se podrán recrear las condiciones idóneas para que nuestras frutas y verduras crezcan en un entorno idóneo. Sin fallos, y en nuestro hogar.

Si bien en cada área tenemos una climatología distinta, es posible crear nuestros propios alimentos en invernaderos, lugares cerrados en los que podemos controlar muy distintos parámetros, entre otros éste.

La revolución de los datos

¿Ciencia ficción? En el actual mundo de Big Data, de Internet de las cosas y de la ingeniería agrícola, también los cultivos caseros pueden beneficiarse de los adelantos tecnológicos. Eso sí, las herramientas o, si se quiere, piezas de un puzzle no garantizan un buen resultado de por sí.
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¿Las ciudades del futuro serán de bambú?
En lugar de cemento, hormigón, madera convencional o cristal, bambú. Solo bambú. Esta madera ecológica tiene un enorme potencial para convertirse en la materia prima de las edificaciones que se realicen en el futuro. No solo para hacer chozas o casas de pequeñas dimensiones, sino grandes construcciones que podrían sustituir incluso a los rascacielos tradicionales.

¿Pero, por qué en el futuro? Como es bien sabido, la sostenibilidad es un imperativo cuando se trata de reducir las emisiones de efecto invernadero y, por lo tanto, los materiales de construcción que tengan características propicias para ello y además resulten factibles tienen todas las de ganar.

En este post repasaremos los pros y contras del bambú como materia prima arquitectónica, al tiempo que repasaremos un impresionante proyecto que están demostrando hasta dónde puede llegarse con él a nivel urbano.

Pros y contras del acero vegetal

El uso del bambú como material para construir no es un invento nuevo. Muy al contrario, en los países orientales, como Japón, Vietnam o Malasia, se utiliza con este fin desde tiempos lejanos.

¿Las ciudades del futuro serán de bambú?
Actualmente, se utiliza de forma directa o como ingrediente para la fabricación de innovadores materiales de construcción, y también ha cambiado la forma de sujeción, antaño realizada básicamente mediante sogas.

Aunque ahora también se vuelva a lo antiguo, lográndose resultados sorprendentes, del mismo modo se avanza en su tratamiento, unión mediante tornillos u otras innovaciones.

Las numerosas variantes tienen que ver con la importancia que está adquiriendo no solo en tierras orientales, sino en todo el mundo. Además de influir la globalización, su “redescubrimiento” tiene mucho que ver con sus grandes ventajas como material.

Sin olvidar la ventaja añadida y, cada vez más decisiva, de la citada sostenibilidad. Como es bien sabido, su crecimiento es muy rápido, sobre todo en comparación con el de la madera.

¿Las ciudades del futuro serán de bambú?
De este modo, se le considera un recurso renovable, aunque también es cierto que tarda mucho en germinar. A su vez, se valora su gran resistencia, razón por la que se le denomina “acero vegetal”.
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¿Un exceso de CO2 nos daría un planeta más verde?
La hipótesis tiene su aquel, hasta tal punto de que la ciencia se ha ocupado bien a fondo en determinar su grado de realidad. Tal y como plantea el título de este post, se trataba de comprobar si la emisión de CO2 podría dar lugar a una explosión de naturaleza.

La lógica parece impecable. Puro sentido común, en realidad. Explicado con brevedad, los científicos se plantean lo siguiente: puesto que las emisiones de gases de efecto invernadero son en buena parte producidas por un exceso de CO2, éste contribuiría a que el planeta reverdeciera

Es decir, con el cambio climático, el planeta habría ganado en verdor, y seguiría haciéndolo conforme aumenta el dióxido de carbono. Puesto que las plantas toman el CO2 para realizar su proceso de fotosíntesis, una abundancia de este elemento químico actuaría de fertilizante.

¿Un exceso de CO2 nos daría un planeta más verde?
El uso de combustibles fósiles, por lo tanto, estaría aumentando el verdor en el planeta. Se trata de una hipótesis curiosa que, entre otros fines, se utiliza para combatir el efecto negativo del cambio climático. Eso sí, ambas circunstancias, como la cara y la cruz de una moneda, podrían ser compatibles de forma clara, al menos en teoría.

¿Pero, es realmente así? La ciencia ha realizado estudios que afirman una cosa y su contrario, aunque la contextualización de los resultados de las investigaciones sea algo diferente. Hasta tal punto que incluso puede variar su interpretación. Veamos algunas de las principales investigaciones a modo de ejemplo.

Más vegetación que antes

Un estudio publicado en Nature Climate Change concluye que el planeta ha ganado en verdor (greening) a lo largo de los últimos 30 años a consecuencia del incremento del CO2 atmosférico. En concreto, el trabajo encontró más biomasa verde entre 1982 y 2015, en una extensión que afectó a casi la mitad de las regiones del mundo.
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Casas con ladrillos de plástico reciclado
Este invento colombiano no es algo nuevo, pero sí constituye una iniciativa novedosa como proyecto solidario. Su materia prima, ladrillos fabricados a partir de plástico reciclado, podrían crear casas para millones de personas sin hogar.

No son tan económicas como las que realizan las impresoras 3D, tal y como vimos en un anterior post, pero su precio es asequible en términos comparativos. Es decir, frente al precio habitual de una vivienda. Y los resultados tienen un aspecto fantástico, es durable y permite realizar construcciones muy similares a las convencionales.

Mutatis mutandis, se construyen como si de un juego tipo Lego se tratase, sin siquiera necesidad de cemento, pero la cosa es mucho más seria. No en vano, estamos hablando de crear moradas dignas que solucionen uno de los problemas más importantes que tienen las personas. Fundamentalmente, por sus precios prohibitivos, imposibles de asumir para los colectivos más humildes de la población mundial.

¿Seguro que es el cambio climático?

Conceptos Plásticos es el padre de la criatura, unos ladrillos de plástico reciclado que se realizan tras pulverizarlo y compactarlo para que adopten la forma que se puede ver en las imágenes. A continuación, se ensamblan formando las distintas partes de la casa.

Casas con ladrillos de plástico recicladoEn la Es la solución a un problema creciente, hasta el 40 por ciento de la población de zonas de África, Asia y América Latina no tiene hogar. El coste de la vivienda se calcula por kilo de plástico procesado y no por metro cuadrado. Una de 40 metros cuadrados costaría unos 4.500 euros.

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Revolucionario envase comestible como alternativa al plástico
El uso del plástico es demoledor para el medio ambiente. Sobre todo, porque no es un uso discreto, sino masivo. A gran escala y en constante crecimiento, que viene disparándose de forma exponencial desde hace años.

Los pronósticos no son más alentadores, ni de forma genérica ni en lo que respecta a los usos del plástico en el sector de la alimentación, uno de los que hacen un uso más importante del mismo.

¿La solución? Apostar por un mundo más sostenible significa buscar alternativas al plástico, no cabe duda. Pero su funcionalidad es amplia y encontrar otras opciones que realmente resulten viables está siendo muy complicado.

Un invento que puede cambiarlo todo

Un equipo de investigadores del Departamento de Agricultura de Estados Unidos está desarrollando una película muy similar a los envases plásticos que conocemos para envasar alimentos.

La pequeña gran diferencia es la materia prima que se utiliza. En este caso no se trata de un derivado del petróleo, sino de un componente que se encuentra de forma natural en la leche.

Se trata de la proteína de la leche conocida con el nombre de “caseína”, un compuesto biodegradable, comestible y mucho más sostenible que el plástico convencional.

Revolucionario envase comestible como alternativa al plástico
Para su creación, se investigaron las propiedades de la caseína, consiguiendo elaborar películas hasta 500 veces más efectivas que el plástico a la hora de preservar los alimentos, apuntan sus creadores.

Su composición convierte a estos plásticos orgánicos en una barrera muy eficaz contra el oxígeno, con lo que evitamos de mejor manera la oxidación, responsable de la degradación de los alimentos.

En este sentido, la comida también puede tener una mayor duración, de nuevo una ventaja ecológica, ya que supondría alargar la vida útil y, con ello, reducir los desperdicios. Al tiempo, ayudaría a garantizar la seguridad alimentaria y reduciría tanto la polución plástica como la necesidad de reciclaje.

¿Qué y para qué sirve la caseína?

Todo el mundo ha oído alguna vez la palabra “caseína”, pero saber de qué se trata es algo más complicado. Básicamente, la caseína es una proteína láctea.
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Así es vivir en una casa que se mueve con el viento
Construir una casa que gira al albur del viento es una gran idea desde un punto de vista creativo. Incluso se puede considerar una casa ecológica por lo que aprovecha la luz solar y su diálogo constante con un elemento tan natural como es el viento. ¿Pero, es una buena idea a nivel práctico?

En este post vamos a intentar responder a esa pregunta a partir de la experiencia de sus creadores, pues también ellos han sido sus moradores durante unos días. Como ocurre con tantas y tantas cosas, os adelanto que tiene sus pros y sus contras.

¿En qué consiste este invento?

Como puede verse en las imágenes, se trata de una casa realmente peculiar. Si además de ver las instantáneas vemos el vídeo, entonces la sorpresa es aún mayor. Y es que la casa no está inclinada por simple cuestión de diseño, sino para dejarse mecer por el viento.

Además, los artistas que la han creado, Alex Schweder y Ward Shelley decidieron que también se inclinaría al caminar dentro de ella. Es decir, se trata de un proyecto tan curioso como inédito. Su intención con este experimento ha sido explorar cómo el hábitat nos afecta psicológicamente.

Así es vivir en una casa que se mueve con el viento
De este modo, también pretenden que reflexionemos sobre nuestros lugares de residencia y cómo influyen en nuestra forma de vivir, sensaciones, rutinas, comodidades e incomodidades. En lo mucho que nos separan de la naturaleza, en su lado positivo al actuar como refugio, pero también en lo que nos aparta del entorno.

Bautizada como Reactor, la creación está ubicada en el Omi International Arts Center, en Ghent, Nueva York. Para moverse por doble partida, inclinándose en función del doble movimiento, interior y exterior, se asienta sobre un pilar de hormigón sobre el que bascula.

Estancia inaugural

Los padres de la criatura decidieron habitarla durante cinco días para inaugurarla, si bien la casa se exhibirá durante dos años. Un periodo durante el que no faltaron visitantes, sobre todo porque no es lo mismo verla vacía que con dos habitantes. A lo largo de su estancia la casa cobró vida, con el atractivo añadido de que sus paredes son de cristal.

Así es vivir en una casa que se mueve con el viento
El reto era tanto disfrutar o quizá padecer, según se mire, el movimiento continuo que realiza la casa en función del viento y combinarla con el control de los suyos propios, otra fuente de movimiento. Al igual que ocurre en la naturaleza, caracterizada por constantes cambios.
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Un paseo por las nubes en plena urbe
¿Imaginas ir y volver del trabajo paseando por las nubes? Salir de casa, un apartamento en la ciudad, situado en un inmueble muy alto, hermano pequeño de los rascacielos, desplazarte caminando por pasarelas elevadas, rodeadas de verde?

Casi como dar un paseo por las nubes, librándonos de aceras y semáforos, del ruido y agobio del tráfico rodado. Todo un invento, perfecto para urbanitas con hambre de naturaleza que quieren una vida más verde sin salir de la ciudad.

Una ciudad diáfana

Lo ha ideado la firma sueca Anders Brernsson Architectcs, y se trata de un proyecto que en realidad abarca mucho más. Se ha bautizado como Klarastaden (ciudad completa o diáfana, traducción libre del sueco) y está pensado para su construcción en Estocolmo, junto con los mismos edificios.

Un paseo por las nubes en plena urbe
Observando las imágenes se aprecia que se trata de un proyecto para la construcción de una ciudad en la que estas pasarelas son una pieza más. Importante, clave, sin duda, pero formando parte de un todo.

En concreto, se ha pensado para diseñar una nueva zona urbanizada para Estocolmo, consistente en combinar edificios verticales de diferentes alturas y unirlos por medio de pasarelas elevadas para que los recorran transeúntes.

Puesto que las aceras son un lugar siempre supeditado al asfalto y a la tiranía del tráfico. ¿Por qué no aprovechar el espacio libre que hay en el cielo? ¿Y qué tal sería construir unas pasarelas justo allí donde el azul luce y nos recuerda que, a pesar de todo, la vida aprieta, pero no ahoga?

Ciudades que crecen

Por ahora solo está sobre el papel, pero el proyecto se plasmará en la realidad. En un futuro cercano, esas pasarelas elevadas que parecen flotar formarán parte de un peculiar barrio con el que se urbanizará una nueva zona de Estocolmo.
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Impresora 3D construye casas 2
Las impresoras 3D son auténticas magas. Detrás está la tecnología, obviamente, pero verlas en acción es abrir una puerta a lo inimaginable. Sus avances no dejan de maravillar, y en esta ocasión no son una excepción. Muy al contrario, actúan como varitas mágicas movidas por una mano invisible.

En esta ocasión, lo mágico no solo es el resultado, sino también el precio, pues las casas tienen un coste casi cero, de apenas 48 dólares. La impresión requiere de una impresora enorme, de 12 metros de altura por 6 de ancho, que capa a capa construye casas completas de arcilla.

Para valorar su coste de producción solo hemos de sumar su consumo eléctrico, ya que consume solo 100 vatios, y el precio de la arcilla. Lógicamente, si se comercializara habría que añadir otros gastos de mano de obra y de amortización de la maquinaria, entre otros, pero también podría realizarse con fines solidarios o subvencionarse, en cuyo caso los gastos serían mínimos.

Solidaridad y ecología, de la mano

Casualmente, la iniciativa forma parte del World’s Advanced Saving Project (Proyecto de Ahorro Avanzado del mundo) y a la hora de construir intenta ahorrar costes aprovechando materiales ecológicos que mezcla con arcilla. La idea es aprovechar los restos aprovechables que haya en abundancia en el lugar donde se trabaja. Entre otros, la paja, el barro, restos de la poda de las plantas o tierra.

Impresora en 3D hace casas de arcilla casi gratisEl objetivo, por lo tanto, hoy por hoy es solidario, si bien podría tener un sinfín de aplicaciones en el futuro. Por su bajo coste y robustez, son casas idóneas para personas que no tienen un hogar ni posibilidad de adquirirlo. Se ha revelado como una solución estupenda en zonas marginales o en lugares que han sufrido catástrofes naturales.

Es decir, pueden construirse hogares de forma rápida en aquellas áreas castigadas por el embate de la naturaleza. Gracias a esta impresora, bautizada como Big Delta, construir hogares en serie es factible por su rapidez, accesibilidad a los materiales de construcción y eficiencia energética.

Vivienda asequible y sostenible

A ello hay que añadir su valor ecológico, aunque esto no deja de ser un plus que sin dejar de serles interesante, resulta secundario al lado del objetivo principal. Y es que su meta es realmente ambiciosa: para el año 2030 pretenden haber construido una vivienda a cerca de 4 millones de personas necesitadas.
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