Chernóbil, 25 años después
Cuando han pasado 26 años desde que se produjo la catástrofe nuclear de Chernóbil, se ha descubierto que la radiación afecta menos de lo que se esperaba a algunas aves. Es la conclusión a la que han llegado científicos de la Universidad de Portsmouth tras un estudio que ahora se publica en la revista científica Biology Letters, publicada por la Royal Society británica.

El profesor Jim Smith, que dirige el estudio, se ha concentrado en el estudio de las golondrinas. Según cuenta, han estudiado el nivel de radiación en la zona de exclusión, lugar donde los radicales libres de la contaminación producen lo que se llama “estrés oxidativo”, que puede tener efectos biológicos. Y parece que las aves, gracias a los mecanismos antioxidantes, resisten bien ese nivel de radiación.

Es verdad que nada más producirse el accidente nuclear la radiación dañó el organismo de los seres vivos de la zona, pero, en la actualidad, el nivel de radiación es cien veces menor. La fauna se está recuperando sin ningún problema cerca de la central.

Los insectos, por su parte, resisten bien los efectos de la radiación. Otros científicos ucranianos y bielorrusos lo han confirmado. Además, afirman que se ha producido un aumento de la biodiversidad en la zona en cuanto a los pájaros.

Jim Smith cree que la ausencia de actividades humanas en la región favorece la recuperación de la naturaleza. Cerca de Chernóbil, no se han talado árboles, no se han construido carreteras, casi nadie pisa esa tierra por miedo a las consecuencias de la radiación. La naturaleza ha estado libre de la amenaza del ser humano. La fauna y la flora han salido beneficiadas.

Pero hay otra consecuencia que podría resultar muy peligrosa. La radiación puede producir mutaciones en los organismos y, por tanto, podrían aparecer nuevas bacterías y nuevos virus. Han aparecido nuevas razas, nuevos clones y esto puede ser muy peligroso para los humanos, según explica uno de estos científicos.

Estos estudios pueden ayudar a elegir la mejor respuesta para Fukushima. Jim Smith aconseja, para una rápida recuperación de la zona, que el ser humano no se acerque.