Cinco aspectos que debe tratar la agricultura en relación con la seguridad alimentaria
Una agricultura eficiente y sostenible será la que pueda lograr la seguridad alimentaria de la mayor parte de la población mundial, una población mundial que no deja de crecer. Ya vamos por los 7.000 millones de personas y subiendo. Pero la agricultura no está exenta de problemas. Algunos, muy graves. En los próximos años hay que solucionar ciertos aspectos en los cultivos de todo el mundo si no queremos que cada vez más gente pase hambre. Una sociedad tan tecnológicamente avanzada no se lo puede permitir.

Se recomienda, en primer lugar, la eliminación de fronteras para permitir que la política agrícola pueda enfrentar los impactos de las tendencias macroeconómicas, el cambio climático y la relación entre la desnutrición y las enfermedades infecciosas. Hay cinco temas clave y relacionados entre sí que están afectando a la agricultura y la seguridad alimentaria. Para hacer frente a estos problemas, se ofrecen algunas recomendaciones.

1 La agricultura, la energía y los mercados financieros

Todo está cada vez más interrelacionado. Los precios de los alimentos se han vuelto más inestables y propenso a cambios grandes y rápidos, en especial, en épocas de escasez. Parte de esta inestabilidad, no se puede negar, se debe a la creciente demanda de biocombustibles. En otras palabras, los precios de la agricultura y la energía están cada vez más vinculados. Además, esta inestabilidad se ve acrecentada por la rapidez de las transacciones en los mercados financieros. Hay que analizar estas conexiones entre alimentos, energía y finanzas, y establecer políticas de desarrollo agrícola dentro de un contexto macroeconómico. No se puede permitir que un especulador que opera en la Bolsa de Nueva York (o en cualquier otra) sea capaz de matar de hambre a millones de etíopes.

2. El cambio climático

Las consecuencias del cambio climático en la agricultura van a ser terribles en los próximos años. Se puede crear, por tanto, una inseguridad alimentaria generalizada, como demostró la ola de calor de Rusia en el verano de 2010, que desestabilizó el mercado mundial de trigo. Estos extremos climáticos se van a convertir en norma y, por tanto, las amenazas a la seguridad de los alimentos también se intensificará. La adaptación y la mitigación al cambio climático es necesaria. Hay que promover cosechas que resistan el calor y toleren la sequía, conservar la diversidad de cultivos genéticos para la subsistencia y promover la agricultura en los países menos vulnerables.

3. Cambio de uso del suelo

Entre 1990 y 2005, la cantidad de tierra cultivada en los países desarrollados creció unos 5,5 millones de hectáreas por año. Esto se produjo a expensas de los bosques, humedales y otras áreas de enorme valor ecológico, algo que, además, también contribuye al cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el conflicto social. Brasil e Indonesia son dos claros ejemplos de este proceso. La selva se ha convertido en la producción de alimentos. En ambos países hay sistemas inadecuados para la gestión de uso de la tierra.

4. Sistemas de cultivo para la extrema pobreza

Hay que cambiar las estrategias agrícolas para los pueblos atrapados en la trampa de la pobreza y la producción de bajo rendimiento. Hay tres elementos clave: los pequeños sistemas de riego distribuidos, el uso de cultivos de mayor valor y la fertilización con estiércol, y un mejor intercambio de conocimientos y tecnología entre los pequeños agricultores.

5. Vinculación de desnutrición y enfermedades infecciosas

La financiación de los programas de desnutrición y las enfermedades tienden a estar separados de los programas agrícolas, pero existe una clara relación entre ambos aspectos. Una deficiencia nutricional conduce a un sistema inmunológico deficiente, lo que aumenta el riesgo de infección de enfermedades que incluyen el sida y la tuberculosis. Todavía queda mucho por hacer para promover la combinación de alimentos, nutrición y estrategias de salud.