Cinco cosas cotidianas que es mejor no reciclar
El reciclaje o reutilización de objetos puede ser práctico, un buen negocio para el bolsillo y al tiempo un gesto en favor del medio ambiente. Sin embargo, en algunos casos dar una segunda vida a determinados objetos cotidianos no siempre es buena idea, básicamente por cuestiones de higiene, riesgo tóxico y/o microbiológico.

En este post veremos cinco tipos de objetos cotidianos que será mejor comprar nuevos antes de reciclarlos para darles un uso similar. En el caso de darles un uso distinto, quizá no haya problema, aunque hacerlo no siempre será sencillo.

Las esponjas y estropajos

Los estropajos, las esponjas o los estropajos-esponja son un nido de bacterias. Bastan unos cuantos días para que se llene de microorganismos, y ni el jabón ni otros limpiadores podrán eliminarlos. Esta es la razón por la que se han de cambiar a menudo, y precisamente por ello muchas veces se destinan a otros usos, por ejemplo pasándolas de la cocina al baño o usándolas para otros menesteres relacionados con la limpieza del hogar.

Aunque nos parezca que su estado es aceptable, la acumulación de gérmenes ha de preocuparnos hasta el punto de no pensarlo dos veces y, en un ale-hop, mandarlas al fondo del cubo de la basura.

Si queremos alargar su vida, conseguiremos desinfectarla sumergiéndolas en vinagre, llevándolas a ebullición durante un cuarto de hora o introduciéndola en el microondas durante un par de minutos, con lo que acabaremos con el 99 por ciento de las bacterias, pero será por poco tiempo.

Cinco cosas cotidianas que es mejor no reciclar
Cuanto más tiempo permaneza húmeda más proliferaán las bacterias y los malos olores, por lo que mantener la esponja seca es una buena opción para que dure más y resulte menos contraproducente.

Las soluciones alternativas a tirarlas a la basura es elegirlas de materiales biodegradables para así poder echarlas al compost o, simplemente, prescindir de ellas. Lo más ecológico, sin duda, será sustituirlas por bayetas de cocina que podamos desinfectar más fácilmente e incluso crear reciclando retales a partir de toallas viejas o cortando paños de cocina de rizo viejos o rotos.

Las botellas y otros envases de plástico

Las botellas, garrafas y otros envases plásticos de uso alimentario son de un solo uso. Si te fijas, en la misma etiqueta se indica que no deben reutilizarse y la razón no es otra que evitar que acabemos ingiriendo ese plástico, ya que se trata de un material inestable que se va descomponiendo, sobre todo cuando le da el sol o lo calentamos artificialmente.

A efectos prácticos, la conclusión es sencilla: mejor no utilizar plástico, y si lo hacemos no reutilizarlos. En estos casos, el reciclarlos es atentar contra nuestra salud, especialmente si tienen BPA, un disruptor endocrino que enloquece nuestras hormonas y tiene efectos nefastos en el organismo, muchos de ellos todavía en estudio.

Los colchones

Los colchones y almohadas son otros objetos que mejor no prestar ni tomar prestado. Del mismo modo que no reutilizaríamos un cepillo de dientes de otra persona por obvios motivos de higiene, los colchones y cojines están hasta arriba de gérmenes, ácaros y demás fauna microscópica.

En efecto, además de poder ser un nido para el descanso o el amor, el colchón es un nido de microbios tal que mejor huir de infecciones y llevarlos al eco-parque más cercano.

Cinco cosas cotidianas que es mejor no reciclar
Además, puesto que los colchones no pueden limpiarse, van acumulándose el sudor y estos microorganismos, llegando a aumentar su peso de forma importante. Para mantenerlo más tiempo en buen estado, se recomienda colocar un forro, ya que es lavable, pero aunque lo hayan llevado a la hora de jubilarlos no los regalemos ni los tomemos prestados.

Accesorios de bebé

Reciclar o comprar accesorios infantiles usados es algo muy habitual, tanto por su menor precio como por el poco uso que finalmente va a dársele. Además, es un gesto eco-amigable, si bien no siempre resulta lo más conveniente para la salud del peque.

Al margen de que comprar lo realmente necesario es el mejor eco-consejo a nivel ambiental, en lo que respecta a la salubridad hay algunos accesorios de primera necesidad será mejor comprar nuevos, entre ellos biberones, chupetes, la sillita para el coche, la cuna y el colchón o, por ejemplo, el portabebés.

Por muy esterilizados o higienizados que creamos que puedan estar unos biberones, tetinas, bombas de pecho, chupetes, el colchón o el cambiador, pongamos por caso, nunca lo estarán tanto como para quedarnos tranquilos. Si queremos evitar riesgos innecesarios, prescindamos que objetos de segunda mano que puedan carecer de piezas de seguridad imprescindibles o tener un diseño más seguro.

Cinco cosas cotidianas que es mejor no reciclar
No olvidemos que la normativa de seguridad de estos objetos cambia frecuentemente para ir adaptándose a los nuevos hallazgos. Es lo que ocurre, por ejemplo, con los andadores, carritos o con los colchones. Si bien hasta hace relativamente poco se buscaba que éstos fueran blandos, ahora se recomiendan firmes para prevenir la muerte súbita del bebé.

Productos cosméticos

Los cosméticos que ya no usamos o aquellos otros que han caducado debemos abstenernos de regalarlos pues éstos pueden provocar reacciones adversas y, en el caso de los usados cabe la posibilidad de que sean fuente de contagio de infecciones y enfermedades como el herpes labial, conjuntivitis y otros problemas más graves.

Hay que tener cuidado prácticamente con todos ellos, desde los labiales, maquillajes o sombras de ojo, rimmel o lápices hasta las mismas brochas y demás utensilios aplicadores. Y también evitar ponernos cosméticos de prueba que pueda haber en las tiendas.

Cinco cosas cotidianas que es mejor no reciclar
Incluso si no los hemos abierto pueden ser peligrosos para la salud. Por lo tanto, nada de ofrecerlos ni de aceptarlos como regalo si queremos protegernos de su polución. En concreto, la contaminación bacteriana comienza a observarse en los cosméticos precintados a los 36 meses y en el resto desde el mismo momento en el que entran en contacto con el aire y con nuestra piel.

Recientemente hemos conocido el caso de una joven que usando una brocha de maquillaje de una amiga suya presuntamente contrajo el SARM, un microbio que se suele contraer en hospitales y también por contacto cutáneo, con tan mala fortuna que acabó en silla de ruedas, y por su virulencia a punto estuvo de costarle la vida.