Comer tiburón no es una buena idea
Comer tiburón es más habitual de lo que pudiera parecer. Aunque China es es el primer consumidor mundial de aleta de tiburón, comerlo va más allá de la consabida sopa y, por supuesto, del mercado asiático. En realidad, además de haber aficionados a su carne por doquier, las distintas especies que existen y el maremágnum de nombres utilizados en la etiqueta nos abocan a una gran confusión.

Son muchas las razones que hacen que comer tiburón sea una pésima idea, ya sea por motivos de salud como por no contribuir a su extinción, sea o no legal la pesca de tal o cual especie o, simplemente, porque no nos apetece, sin más.

En efecto, como es sabido, nuestra salud puede resentirse si lo consumimos pues estos peces contienen grandes niveles de mercurio, lo que supone un claro riesgo para el organismo, incluyendo el cáncer o, por ejemplo, los peligros potenciales que implica para el feto.

Extinción y desastre ambiental

En las aleta de tiburón, en concreto, investigadores de la Universidad de Miami encontraron altas concentraciones de BMAA, una neurotoxina producida por cianobacterias que se relacionan con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o la esclerosis lateral amiotrófica.

Comer tiburón no es una buena idea
Igualmente, es importante que la pesca de cualquier especie se realice dentro de unas rigurosas garantías de sostenibilidad que, en el caso de los tiburones, brilla por su ausencia. A su vez, su extinción supondría un duro golpe para los ecosistemas marinos, produciéndose un desequilibrio en el número de medusas y otras consecuencias.

Si de maltrato animal hablamos, al margen de la pesca tradicional de tiburones, no olvidemos que se consumen anualmente hasta 70 millones de aletas de tiburón, lo que significa que millones de tiburones tienen una muerte agónica tras sufrir una cruel amputación.