Consecuencias de un incendio forestal
Un incendio forestal descontrolado puede arrasar todo a su paso, propagándose a gran distancia, sobrepasando ríos, carreteras y cortafuegos. En climas cálidos y secos hay más probabilidades de que se produzcan estos incendios. De media, cada año se producen entre 60.000 y 80.000 incendios forestales que destruyen entre 3 y 10 millones de hectáreas.

Los incendios forestales tienen diferentes efectos sobre el medio ambiente, dependiendo de su tamaño y frecuencia. A veces, son provocados por el ser humano por negligencia y otras veces se producen de forma natural, aunque estos últimos ocurren con mucha menos frecuencia. Los incendios naturales se producen por volcanes, rayos, combustión espontánea o chispas causadas por el desprendimiento de rocas.

Pero, la mayoría de las veces, los los incendios forestales comienzan por una negligencia humana: por pirómanos, por equipos que producen chispas, colillas de cigarrillos mal apagadas, fuegos desatendidos, quemas agrícolas o por las líneas eléctricas.

Aunque el daño para el medio ambiente de un incendio forestal es evidente, en ocasiones, también puede tener consecuencias positivas. Los incendios limpian la materia muerta o en descomposición, lo que permite que crezcan nuevas plantas. Es un forma de regeneración.

Otro beneficio es el mantenimiento del equilibrio del ecosistema al eliminar insectos nocivos y plantas enfermas. Al destruir árboles y arbustos también puede aumentar la luz que llega al suelo, lo que permite que crezcan semillas. En ocasiones, los incendios forestales aumentan la cantidad de diversidad de plantas y animales en un ecosistema. De hecho, algunas plantas necesitan un incendio para germinar y crecer.

Consecuencias negativas

Consecuencias de un incendio forestal
Cuando la frecuencia de los incendios forestales en una región concreta es alta, el impacto puede ser devastador. Se interrumpen los ciclos naturales de los bosques y desaparecen las especies nativas, mientras que proliferan las plantas invasoras.

Los incendios forestales aumentan los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, contribuyendo al efecto invernadero y al cambio climático. Además, generan cenizas y destruyen nutrientes. Por último, erosionan el suelo, propiciando inundaciones y corrimientos de tierra.