Consejos ecológicos para mejorar el espacio de trabajo
Cuidar el espacio de trabajo desde un enfoque verde significa una ganancia a nivel ambiental al tiempo que mejoramos nuestra productividad. Más rendimiento, una mejor actitud, menos problemas de salud y una factura de la luz bastante más discreta.

En este post nos centramos en un entorno de trabajo tanto compartido como individual y, sobre todo, en un tipo de actividad sedentaria. Serán consejos orientados al ambiente de oficina, a ese lugar doméstico destinado al estudio o, pongamos por caso, a actividades desarrolladas en la modalidad de teletrabajo.

Verde, que te quiero verde

Las plantas nos ayudarán a tener un ambiente oxigenado, libre de polución interior. Bastará con contar con unas cuantas plantas en en entorno de trabajo para lograr varios objetivos importantes.

Consejos ecológicos para mejorar el espacio de trabajo
Por un lado, oxigenan la atmósfera. Tendremos un hábitat más saludable. Idealmente, las distribuiremos de manera que sus efectos cubran un buen espacio. Además de oxigenar, esa purificación realizará también una filtración de partículas tóxicas.


¿Pero, acaso las plantas no emiten CO2? En efecto, lo hacen durante la noche. Sin embargo, sale a cuenta, pues es más el oxígeno que emiten que el anhídrido de carbono que nos dejan.

Por otro lado, actuarán de humidificadores naturales. Serán benéficas en ambientes especialmente secos, tanto por causas naturales (climatología) como por a consecuencia del uso de climatizadores. Tanto aires acondicionados como calefacciones pueden resecar.

En ambos casos, las plantas equilibrarán el ambiente cuando, si bien se precisa una buena cantidad o elegir plantas que tienen un buen rendimiento, como la Raphis Marantha, cuya capacidad para aumentar la humedad del aire alcanza un 5 por ciento. Además, sería conveniente usar un higrómetro para no pecar por exceso ni por defecto.

Confort y bienestar

A nivel psicológico también las plantas de interior también ayudan a rendir más en el trabajo. Nos proporcionan una agradable sensación de confort y bienestar. Solo con tenerlas a la vista nos hará sentir a gusto. Se trata, en suma, de una necesidad básica de todo ser humano que responde a nuestros orígenes evolutivos. Algo así como la llamada de la noche de los tiempos.

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También aportan un toque natural a nuestra decoración. Rompen con la monotonía y nos ayudan a soportar largas sesiones de trabajo. Sin duda, un buen antídodo contra el gris del asfalto, la rutina, las largas horas sentados… La calidad ambiental que proporciona un pedacito de naturaleza, en fin, se traducirá en un entorno laboral con vibraciones positivas. Básicamente, las plantas ayudan a concentrarse, a estar de buen humor y a desarrollar con eficacia actividades laborales o de estudio.

Más luz natural

Trabajar con luz natural es otro aspecto clave. Bastará con este elemento para que el espacio de trabajo sea más verde, ahorrar en la factura y aumentar nuestra productividad. Un reciente estudio publicado en el Journal of Clinic Sleep Medicine afirma que trabajar utilizando luz natural es beneficioso para la salud.

El trabajo hizo una comparación entre las oficinas en las que se trabajaba con iluminación artificial frente a aquellas que lo hacían con la luz del día, y los resultados fueron concluyentes. Los trabajadores que tenían luz natural eran más productivos. Según explica el estudio, la luz natural ejerce una gran influencia en el cerebro. Por lo tanto, también acababa afectando al resto del cuerpo.

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Las consecuencias iban más allá de un simple malestar o baja productividad. El estudio encontró que trabajar sin iluminación natural afectaba a la calidad de vida. Se averiguó que luz artificial era sinónimo de mala calidad del sueño, una vida menos activa y, por lo tanto, también menos productiva. Unas conclusiones que no pueden sino aconsejar un diseño de oficinas que asegure la luz natural en los espacios o puestos de trabajo.

El estudio viene a confirmar resultados similares de estudios anteriores que asociaban la relación entre luz artificial y problemas para la salud. Eso sí, cabe recordar la necesidad de protección solar cuando nos exponemos al sol, incluso a través de unas ventanas. Por lo tanto, es importante protegernos de los UVA que traspasan el vidrio. Sin excusas.

“Haga sol, llueva o truene”, aconseja encarecidamente Heather Woolery, prestigiosa dermatóloga de la soleada Miami. Y, ya puestos a aconsejar, tengamos en cuenta que incluso la luz artificial puede dañar tu piel. Así pues, un protector solar UVA y UVB en el interior para conservar una piel más saludable.

Minimizar químicos y ruidos

Una limpieza del muebles y suelos con limpiadores ecológicos también hará una gran diferencia. Igualmente, ventilemos a diario durante unos minutos y sustituyamos el ambientador convencional por un aromatizador de aceites esenciales, muy fácil de hacer.

La polución acústica es otro punto a observar. Tomemos medidas para crear un ambiente de trabajo tranquilo, en el que poder concentrarse, sin distracciones innecesarias. Mantener los teléfonos apagados o, al menos, en modo vibración es una forma de sumar puntos al respecto.

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Sobre todo, intentemos analizar qué ruidos están molestando de forma permanente, cuando no unos, otros. Todas las fuentes de perturbación deben minimizarse. Incluyendo, por supuesto, la necesidad de trabajar en un entorno aislado a nivel acústico y térmico. A menudo se necesitan reformas importantes. En otros casos, bastará con colocar cintas selladoras en puertas y ventanas.

La temperatura ideal

El rendimiento y el confort tienen mucho que ver con la temperatura del espacio de trabajo. Conseguir ese ambiente ideal, en el que no haga ni frío ni calor no debe depender solamente del mando del climatizador. Hacerlo así disparará la factura de la luz y, por descontado, no le hacemos un favor al medio ambiente. Lo idóneo es llevar una vida saludable para reducir la necesidad de estos aparatos.

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Es importante ser personas activas, dormir las horas necesarias, comer equilibrado y acorde con las temperaturas y llevar la ropa apropiada (bien abrigados en invierno y frescos en verano) también cuando estamos dentro de la oficina o en casa. Pensar también en la posibilidad de que el tiempo cambie a lo largo del día y tener recursos para quitarnos y ponernos ropa.

En teoría, la temperatura ideal para trabajar se sitúa entre los 22 y los 26 grados. Para lograr esa sensación térmica, así pues, no tiremos solo de aire acondicionado o calefacción. Actuar de forma inteligente disminuirá el gasto energético (en torno a un 6 por ciento) y, por otra parte, un buen mantenimiento de los equipos nos ahorrará hasta un 30 por ciento. Por último, consideremos la posibilidad de usar un ventilador. En ocasiones es suficiente y también eficiente. Su consumo es mucho menor y puede reducir la temperatura hasta cinco grados.