Consumo responsable
Compramos y compramos, consumimos sin cesar, y siempre buscando el mejor precio (más en estos tiempos que corren…). Pero, ¿nos paramos un momentito a pensar de qué forma se elaboran los productos que llegan a nuestro hogar? No sabemos en qué condiciones trabaja la persona que ha tejido la tela de nuestros tejanos. No sabemos de dónde proviene el papel del libro que estamos leyendo. No sabemos si la vaca que nos ha dado la leche del desayuno tiene sitio para moverse.

No sabemos tantas cosas… Pero lo malo es que preferimos no hacernos preguntas, cerrar los ojos y seguir comprando a ciegas, no sea que nos enteremos de algo que no nos guste, lo cual nos va a crear “preocupaciones innecesarias” que no llevan a nada pues nosotros (“¡pobres de nosotros!”) no podemos hacer absolutamente nada.

Pues eso no es cierto. Podemos ser más responsables y obtener información. Si nos movemos un poco seguro que la conseguimos. Nos enteraremos así de datos como:

— Los sueldos que reciben los trabajadores de los países del llamado por nosotros Tercer Mundo les condenan a ser esclavos de la pobreza. Por ejemplo, unos 100 millones de personas viven del café. Sí, del cafetito nuestro de cada mañana. Algunas de ellas tienen la suerte de ser pequeños propietarios, pero la mayoría son jornaleros que trabajan en condiciones miserables, que nosotros no podemos siquiera imaginar.

— La sobreexplotación de los recursos naturales está destrozando la Naturaleza. En los últimos años se ha intensificado el uso de pesticidas en las plantaciones de los países del Sur, plantaciones de las que provienen muchos de los productos que consumimos. Además, se talan las selvas para plantar soja (“ummm, ¡qué sana es la leche de soja!”) o para ubicar pastos donde cebar a los animales que se convertirán en las hamburguesas de grandes cadenas de comida rápida.

— Los niños trabajan como adultos en muchos países del Sur. Los jornaleros son ayudados por sus hijos e hijas para así aumentar los ingresos. No pueden elegir: están obligados a ello para poder subsistir. Así, los niños no disfrutan de su infancia, no pueden ir a la escuela y trabajan durante horas y horas, con lo cual es fácil que enfermen o que sufran problemas psicológicos.

Vaya post más agradable, ¿eh? Lo siento, pero es la realidad; ya quisiera yo que fuera distinta. Pero nosotros al fin y al cabo somos los consumidores y como tales tenemos el poder. Podemos comprar productos que sepamos que han sido producidos con respeto a las personas y al medio ambiente. Por ejemplo, los productos de comercio justo, de los que hablaré en otros posts.