Contaminación del agua
El mundo, ese Planeta azul que es nuestra morada, está compuesto de agua en su mayor parte, tal y como sabemos. Su calidad y pureza, sin embargo, no son algo tan fácil de obtener o hallar a consecuencia de la gran cantidad de agentes de pueden contaminarla.

La polución hídrica obedecerá bien a causas naturales o ser resultado de la actividad humana, una primera distinción que nos permite diferenciar entre aguas contaminadas, si bien existen muy distintos agentes y focos de polución (plásticos, residuos químicos, radioactivos, desechos, metales, vertidos, etc.) que la degradan. No en vano, pese a su abundancia, el agua potable es un recurso escaso tremendamente valioso al que no tiene acceso una sexta parte de la población mundial.

Una cierta contaminación del agua, sin embargo, podría no representar un peligro para el baño, para el riego o para otros muchos usos que no impliquen su ingestión. Igualmente, la potabilización u otros tratamientos depurativos tampoco garantizan una descontaminación total, pues los criterios para su catalogación en uno u otro sentido dependen en buena medida de su utilización.

Polución sonora

Considerada como elemento clave en un ecosistema marino o de agua dulce, su polución va más allá de una estricta calidad microbiológica, abarcando también la acidez por emisiones de CO2 (cambio climático) y la polución acústica como gran problema para el equilibrio de los entornos naturales.

Contaminación del agua
Del mismo modo, la buena gestión del entorno ayuda a mejorar su calidad, tal y como ocurre con la protección forestal como garantía de un suministro de agua limpia. Es así que la contaminación del suelo o del aire influye en numerosas ocasiones en la calidad del agua, lo que significa también que son muchos los desastres ambientales que representan un serio problema de salud pública, como el exceso de plástico en nuestros océanos o la contaminación de aguas subterráneas.