Control de la contaminación en la Capilla Sixtina
La Capilla Sixtina ha instalado unos dispositivos al lado de las cámaras de vigilancia: son detectores de contaminación. Estos aparatos, cincuenta en total, miden la temperatura, la humedad (al igual que ocurre en muchos museos y galerías de arte), pero también la concentración de monóxido carbono. La contaminación amenaza los frescos de Miguel Ángel y Botticelli.

Pero, ¿cómo llega la contaminación hasta allí? La llevan los turistas. Los dispositivos que miden la contaminación están instalados desde verano de 2011. En primer lugar, el público respira, por lo que emite dióxido de carbono. Pero, además, camina, y, con el movimiento, el polvo que trae en su ropa se mueve y se posa, en parte, en los frescos.

La contaminación es culpa del propio éxito de la Capilla Sixtina, lugar obligado de visita para los turistas. En 2011, recibió unos cinco millones de visitantes. El Vaticano decidió revisar sus sistema de climatización y tomar medidas para proteger las obras maestras del Renacimiento.

Para complicar las cosas, cada obra se deteriora de forma diferente. Por ejemplo, hay un fresco de Miguel Ángel del siglo XVI que fue realizado con una técnica tan perfecta que, incluso ahora, cinco siglos después, su conservación no resulta complicada. En cambio, otros frescos anteriores, del siglo XV, son más difíciles de conservar.

Por el momento, el Vaticano no va a impedir a millones de turistas visitar una de las cumbres del arte pictórico. Simplemente, vigilará su estado para que no se deterioren. Será porque es una de sus mayores fuentes de ingresos.

De los cincuenta sensores, 36 fueron alojados en tubos colgantes que atraviesan, hacia lo alto, los murales de la capilla. Los restantes catorce son fijos y están afianzados en las cornisas de las paredes.

El objetivo principal de los dispositivos es controlar el polvo que se genera en el recinto y que causa en los frescos reacciones químicas no deseadas. Por su parte, el nuevo sistema de climatización garantiza una adecuada y constante circulación del aire y una reducción de los agentes contaminantes, tanto sólidos como gaseosos.