COP21: Acciones cotidianas para salvar el clima
La esperada cumbre del clima está a punto de celebrase. París acogerá la COP21 del 30 de noviembre al 11 de diciembre, y la expectación es máxima. Sin embargo, solo si se alcanza un acuerdo global vinculante para detener el cambio climático podremos decir que realmente ha sido un éxito.

¿Habrá acuerdo? Es la pregunta del millón. El escepticismo de siempre, tan justificado, se suma a una pequeña rayita de esperanza en que haya una reacción in extremis. No en vano, el tiempo juega en nuestra contra…

Los movimientos sociales son los más combativos. Edición tras edición han llenado las calles de activistas que luchan por un mundo mejor. Ha sido la otra cumbre, esa que se celebra de forma paralela, llena de pesimismo y utopías, de gritos en el desierto que, ojalá esta vez, no lo sean.

Una actitud eco-amigable

Pero hay otra pregunta que sí está en nuestra mano responder de forma esperanzadora: ¿Qué puedes hacer tú para salvar el planeta?. Directa, y también muy oportuna en las vísperas de esta reunión en favor de un mundo más habitable a corto y largo plazo.

COP21: Acciones cotidianas para salvar el clima
Sin duda, la COP21 es también un llamado a la acción del consumidor. ¿Porque, los ciudadanos son responsables? Lo somos, qué duda cabe. No los máximos responsables, lógicamente, sobre todo teniendo en cuenta en qué contexto económico nos encontramos.

No puede desvincularse el aumento de emisiones con el modelo social post industrial. De hecho, si el cambio climático tiene un origen humano es precisamente por el uso y abuso de combustibles fósiles a distintos niveles, sobre todo relacionado con la producción.

Practica la eficiencia energética

Aún así, todo lo que suma no solo es conveniente, sino necesario. Y, aunque sea molesto que los líderes mundiales no tomen medidas y se nos pida hacerlo a nosotros, también es cierto que salvar el planeta es cosa de todos.

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Así pues, sabiendo que alrededor del 60 por ciento de las emisiones de CO2 provienen de la combustión de energía, nuestros gestos de todos los días pueden hacer una gran diferencia. Desde ese interruptor que apagamos para evitar despilfarros hasta la instalación de placas solares o, por ejemplo, la construcción de una turbina de viento casera.

Come menos carne

La superpoblación no es la única razón por la que el consumo de carne al nivel actual es insostenible. También lo es la emisión de gases de efecto invernadero, con el añadido de que consumir carnes rojas es un “probable” cancerígeno, según manifestó la ONU recientemente.

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Las soluciones pueden ser desde hacernos veganos hasta optar por alternativas ecológicas a la carne roja y procesada.

Tirar menos comida es otra manera de colaborar o, mejor que mejor, reducir el consumo de carne y también los desperdicios. Y, ya puestos, optar por el consumo de frutas y verduras ecológicas, adquiridas en el mercado local.

Consumir verde

Ser un consumidor que opta por lo ecológico no significa tirarse al gasto solo porque el producto lleva el sello. Antes que consumir están los tres mandamientos verdes que tan bien resumen las tres erres de la ecología.

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Es decir, lo suyo es reducir, reutilizar y reciclar. Luego ya, todo lo demás, incluyendo el consumo de productos ecológicos. Además, teniendo en cuenta tanto el ciclo de vida de los productos, siempre desde un enfoque inteligente.

Tal y como vimos en un anterior post, la eco-responsabilidad está relacionada con un estilo de vida más sostenible y, en suma, con el concepto de inteligencia ecológica. Eso sí, hay que reconocer que descifrar el impacto oculto de los productos que consumimos es hoy por hoy tarea imposible. Aún así, se trata de tomar las mejores decisiones de compra en la medida de nuestras posibilidades.

¿Cómo te mueves?

La importancia de la elección del transporte a la hora de combatir el cambio climático es más que conocida. Sin embargo, la reducción de la huella de carbono puede ser poco estratégica si optamos por tomar el avión de forma frecuente.

COP21: Acciones cotidianas para salvar el clima
Nuestro esfuerzo por reducir nuestra huella de carbono puede irse al garete con una decisión de este tipo. Todo un año de gestos ecológicos, de pequeños esfuerzos continuados para, finalmente, echarlo todo por la borda tomando ese avión que, en tantas ocasiones, no es necesario.

El transporte en bicicleta convencional, en bici o coche eléctricos, tomar el bus o el metro y, en suma, dejar el coche aparcado o directamente venderlo. También son interesantes las opciones intermedias, como compartir coche para ir al trabajo, alquilarlo solo para momentos puntuales o planear unas vacaciones moviéndonos de aquí para allí sin subir a ningún avión ni usar el coche. Frente a estas opciones, el tren es, sin duda, la opción ideal.

Es difícil llevar un estilo de vida eco-amigable, hay que reconocerlo. Sobre todo, porque acaba resultando una acción casi heroica. Mientras la sociedad no sea más eco-amigable, el ciudadano de buena eco-voluntad habrá de superar las doce pruebas para poner su granito de arena en la salvación del planeta.

¿Qué esperar, mientras? Lógicamente, un compromiso a nivel institucional, un cambio de actitudes y políticas que supongan un giro de 180 grados. Y que, por qué no, podría empezar en la COP21. O, lo que es lo mismo, tomar conciencia de lo importante que es la participación ciudadana no solo en el día a día, con nuestros pequeños eco-gestos, sino también a la hora de reclamar cambios políticos efectivos que detengan este avance hacia la nada.