COP21: Acuerdo climático a la vistaLa primera semana de negociaciones de la cumbre del clima de París parece haber dado sus frutos. Pese a un lento y tortuoso inicio, ha finalizado con la presentación del primer borrador de acuerdo del clima.

¿Pero, qué contiene el borrador? He ahí el quid de la cuestión. Sin embargo, no se conoce su contenido. Se trata de un documento que los 195 negociadores han consensuado a modo de hoja de ruta para utilizar en las negociaciones que se llevarán a cabo hasta el final de la cumbre.

Ahora mismo, por lo tanto, su relevancia estriba en la posibilidad de seguir negociando. O, lo que es lo mismo, representa la voluntad de los 195 países participan en COP21 de seguir negociando. Que no es poco.

De hecho, cuantas más partes haya alrededor de una mesa, mayor es el riesgo de que se rompa la baraja. Aunque también es cierto que seguir negociando no significa que no se haya renunciado a objetivos ambiciosos o incluso al carácter vinculante del acuerdo.

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Tanto en uno como en otro caso, el resultado sería catastrófico. Casi podría considerarse el mismo fracaso no llegar a un acuerdo que fijar objetivos pobres o alcanzarlo pero reducirlo a una simple declaración de intenciones (no vinculante).

Aprobación del borrador

Básicamente, podemos afirmar que la partida está a medias. No está perdida, pero tampoco ganada. Allá a lo lejos se divisa un acuerdo, pero el famoso grito de “tierra a la vista” podría deberse a un espejismo. Por lo tanto, la esperanza sigue siendo una débil llama que el viento no consigue extinguir.

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En concreto, los negociadores de los 195 países que participan aquí en la COP21 han dado un primer paso con la entrega del primer borrador de un acuerdo de lucha global contra el cambio climático.

Según informaron fuentes oficiales francesas, el documento le fue entregado hoy sábado al presidente de la conferencia, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius.

Sobre el mismo, el representante galo ha afirmado que todavía estamos lejos de llegar a un acuerdo global y vinculante, pero la presentación del borrador es una señal positiva.

Una semana decisiva

El texto será la base para las negociaciones de los ministros de medio ambiente y desarrollo sostenible que comenzarán la semana que viene, los días decisivos de la cumbre, que finalizará el 11 de diciembre.

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Como elemento a favor, el borrador servirá para hablar un lenguaje común. “Ahora disponemos de una nueva base de negociaciones aceptada por todos”, explica la negociadora de Francia y una de las encargadas de la organización del evento, Laurence Tubiana.

Los principales obstáculos

Como es bien sabido, los principales puntos de la negociación se refieren a los planes nacionales para reducir emisiones. Llegar a un acuerdo sobre este punto ya sería un hecho histórico.

Tras el acuerdo, además, se tendría que aprobar por los gobiernos de cada uno de los países, un asunto peliagudo que también está en el aire. Aún así, sería una segunda parte que ahora mismo no se contempla.

Es más, incluso si el acuerdo no se ciñe al límite de los famosos dos grados centígrados, habría posibilidad de enderezar la situación en el futuro. No olvidemos que los plazos que se establecen permiten una cierta maniobrabilidad, por lo que se confía en poder ir estableciendo nuevos límites a lo largo del tiempo.

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De alcanzarse un acuerdo, no entraría en vigor hasta el 2020 y se plasmaría en los compromisos voluntarios de reducción de emisiones para 2025 y 2030. Por lo tanto, en la práctica, llegar a un acuerdo en París significa poder empezar a caminar juntos. Solo eso. Ni más ni menos que eso.

De cara a la próxima cumbre, el objetivo del acuerdo es crear un marco para la COP22, que se celebrará en 2020. Todo ello para que la temperatura no suba más de dos grados centígrados en la segunda mitad de siglo.

Pero la cumbre también aspira a concretar planes de adaptación de los países y, como viene siendo habitual, la financiación es uno de los grandes problemas, sobre todo de los países en desarrollo. En este aspecto, el Fondo Verde Climático es una herramienta clave para evolucionar hacia las economías de baja emisión de carbono, así como para ayudar a combatir sus consecuencias.

Otro de los problemas que hay que salvar son los mecanismos de evaluación de los planes voluntariamente propuestos por cada país. Un control que, tal y como hemos comentado, sigue en el aire.

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En definitiva, un borrador con muchos interrogantes y puntos contradictorios. Un panorama incierto en el que puede pasar cualquier cosa. La balanza puede inclinarse del lado del acuerdo o acabar en agua de borrajas.

Según Greenpeace y otras ONGs que participan como observadoras hay voluntad de llegar a un acuerdo, pero no puede confiarse en que éste se produzca.

El portavoz de Greenpeace, Martin Kaiser, valora que haya un ambiente “constructivo” pero considera que este no garantiza que se llegue a un acuerdo “decente”. Por último, los activistas han denunciado maniobras bloqueadoras de países ricos en petróleo, como Arabia Saudita, contrarios al abandono de los combustibles fósiles que implica el avance hacia sociedades bajas en carbono. Nada sorprendente, por otro lado.

Aún así, las actitudes obstruccionistas no son el verdadero problema. El principal obstáculo radica en la falta de compromiso por parte del resto. Aunque poner al mundo de acuerdo sobre cualquier tema es realmente complicado. Esta vez, sin embargo, estamos condenados a entendernos.