Créditos de carbono
Los créditos de carbono son un instrumento económico contemplado en el Protocolo de Kioto. Cada crédito equivale a una tonelada de dióxido de carbono que ha sido dejada de emitir a la atmósfera. Únicamente pueden ser generados por los mecanismos establecidos en el Protocolo de Kioto. Según qué mecanismo, se distinguen diferentes tipos de créditos:

1.- ERU, Emissions Reduction Unit (JI) o URE: unidad de reducción de emisiones (AC). Cantidad equivalente a una tonelada de CO2 que se deja de emitir a la atmósfera por la puesta en marcha de un proyecto de aplicación conjunta.

2.- CER, Certified Emission Reduction (CDM) o RCE: reducción certificada de emisiones (MDL). Representa una tonelada de CO2 que deja de emitirse a la atmósfera y que ha sido generada y certificada mediante el esquema del mecanismo de desarrollo limpio.

3.- RMU, Removal Unit (Afforestation & Forestation) o UDA: unidad de absorción (forestación y reforestación). Cuota disponible para conseguir la eliminación de los gases de efecto invernadero mediante la utilización de sumideros de carbono.

En otras palabras, estos créditos se usan para hacer más fácil el cálculo de la cantidad de gases que se liberan en el aire y compensar su emisión. Es parte de un plan internacional, seguramente el más grande que se ha creado en toda la historia de la humanidad, en un esfuerzo por reducir el calentamiento global y sus efectos. Se trata de nivelar la cantidad de emisiones totales que pueden ser liberadas por una empresa o negocio. Si hay un superávit en la cantidad de gases que se emiten, hay un valor monetario asignado a ese superávit y puede ser objeto de comercio, fundamentalmente para proyectos que compensen la contaminación, es decir, que renueven el dióxido que se ha emitido a la atmósfera, como pueden ser proyectos de reforestación (habitualmente en países pobres o en vías de desarrollo).

Claro que también es verdad que algunos piensan que es dar dinero para que se les permitan seguir contaminando. Además, son créditos que se compran y venden en los mercados internacionales. O sea, que pueden ser objeto de especulación y no tienen por qué usarse para cuidar el medio ambiente. Como sucede a menudo con cualquier aspecto que roza la economía mundial, cumplirá los objetivos que se marcaron en su creación sólo si se hace un buen uso del plan.