Dan la bienvenida al letal huracán Sandy surfeando enloquecidos las olas gigantes que golpean la costa (vídeos)
Estos locos del surf no se andan con chiquitas, desde luego. Como ocurre cada año en la costa este de los Estados Unidos, donde el temible Sandy está sembrando la destrucción a su paso, son muchos los aficionados a subirse a una tabla de surf justo ahora, coincidiendo con la temporada de huracanes.

La esperan con verdaderas ansias, pues su fuerza levanta las olas del mar de un modo excitante, como en sus mejores sueños. Así, lo que está siendo una pesadilla para la población (pasan miedo, se encierran en casa, llenan sus despensas, entre otras medidas de emergencia), ellos lo viven con euforia, como una irresistible tormenta de adrenalina entre las aguas que de ningún modo pueden perderse.

De este modo, el paso de Sandy por Estados Unidos no ha sido igual para todos. Mientras la mayoría andaba estremecida con la llegada del temible huracán, cuya épica tormenta ya ha provocado decenas de muertos, inundaciones, apagones y pérdidas millonarias sólo en Nueva York, sin embargo, algunos vivieron las vísperas como una gran fiesta surfera.

Paraíso en la tormenta

Inevitable y lógicamente, sus enfurecidos vientos son un atractivo para los surfistas más valientes o, quizás, temerarios. Como puede verse en los vídeos, un grupo de ellos se muestra eufórico frente a un mar embravecido, completamente desatado. Sus enormes olas son una poderosísima llamada casi hipnótica, que no pueden dejar de escuchar, a las que se lanzan sin temor para practicar un surf inolvidable.

Sin duda, no es el típico paraíso californiano para surfistas. No vemos un sol radiante ni suenan los Beach Boys, aunque siga reinando su mismo espíritu. Aquí, el mar es plomizo, y sus olas se encrespan como anunciando el fin del mundo, bajo un cielo encapotado que parece venirse abajo. No en vano, la apocalíptica escena anunciaba algo parecido, pues Sandy ha demostrado que de bonito sólo tiene el nombre y, como mucho, estos inesperados regalos que recogen los surfistas con entusiasmo. A su llegada, todo han sido desgracias. O casi todo. Como dice una conocida frase surfera: Dios, si he de morir quiero que sea sobre las mejores olas que nos hayas dado.