Decepción ciudadana por el fracaso Río + 20

Aunque Greenpeace no descarta llamar a la desobediencia civil para protestar contra el acuerdo, aún provisional, de la cumbre Río + 20, no creo yo que el descontento dé para tanto. Eso sí, nadie puede negar que el pesimismo ha sido la tónica general a lo largo de los días de celebración del evento, que se clausurará hoy en la capital brasileña.

Algunas críticas apuntan al hecho de que se haya consensuado un descafeinado acuerdo ya antes de que los líderes políticos de 193 naciones se reunieran en Río de Janeiro. Otros, sin embargo, todavía confían en que parte de las exigencias de los activistas se recojan en el texto que finalmente será aprobado. Pero todos coinciden en que, visto lo visto, no hay que hacerse demasiadas ilusiones.

En la última jornada de esta conferencia sobre desarrollo sostenible de las Naciones, incluso el máximo representante de la organización, Ban Ki-moon, ha reconocido que la cumbre no estaba a la altura y, en general, la fase final de esta cita, que se pretendía histórica, ha acabado tan sólo en un montón de promesas hechas por los distintos países.

Abundan las declaraciones de los políticos que coinciden con grupos de medio ambiente en que la declaración consensuada para la cumbre ha sido “un fracaso de liderazgo”.

Decepción ciudadana por el fracaso Río + 20

Mientras las negociaciones oficiales siguen a la deriva en el Ríocentro, la sede donde se producen las reuniones, los ánimos ciudadanos están que arde. Miles de activistas están tomando las calles de la ciudad estos días, y también sus playas, para hacer oir su voz.

Las manifestaciones son pacíficas en su forma, pero en su fondo demuestran un gran hartazgo por la negligencia política, es decir, por la falta de compromiso a la hora de la verdad. Arremeten contra lo que consideran una pantomima, un fallido y vergonzoso intento por acabar con la insostenibilidad ambiental y el hambre en el mundo.