Delfines con compuestos químicos de origen humano
Los productos químicos que se echan a los cultivos para protegerlos de enfermedades y plagas son absorbidos por la tierra y, desde ésta, a través de aguas subterráneas, llegan a ríos y, finalmente, al mar. (Que es el morir, como dijo el poeta.) Allí, contaminan el ecosistema marino. La solución es la agricultura ecológica, que no utiliza este tipo de métodos contaminantes para tratar los cultivos.

Un grupo de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC) ha encontrado restos de insecticidas que se utilizan tanto en los hogares como en la agricultura en el cuerpo de los delfines. Hasta ahora, se creía que estos mamíferos expulsaban completamente los productos químicos una vez degradados. Por tanto, la única explicación es que la cantidad de contaminantes químicos en el mar está aumentando peligrosamente.

El trabajo ha sido publicado en la revista Environment International y ha sido liderado por Damià Barceló, quien considera sorprendente el hallazgo de insecticidas piretroides. Los científicos han analizado la acumulación de estos contaminantes en los delfines de Brasil.

Las mayores concentraciones se han encontrado en las crías de estos mamíferos, que no están preparadas para metabolizar los compuestos. El grupo ha analizado 23 ejemplares tras localizar las muestras de delfines varados en las playas o atrapados en redes de pesca y revela concentraciones de 7,04 nanogramos por gramo de grasa en adultos y de 68,4 en crías. Hay, por tanto, una gran diferencia en las concentraciones de adultos y crías. Los científicos creen que ello se debe a que las crías reciben químicos también por transmisión materna.

Los piretroides se metabolizan y degradan, pero el estudio demuestra que queda una parte que se metaboliza en el organismo, donde llegan procedentes de las concentraciones que registra el mar.

En un estudio previo en el Delta del Ebro, los investigadores hallaron estos contaminantes en muestras de agua y sedimentos. Este trabajo revelaba que, en junio, después de la fumigación de los arrozales, se podían encontrar niveles de 85 nanogramos por litro de piretroides en el agua y de hasta 72 por gramo en los sedimientos. Tres meses después, los niveles en el sedimento habían bajado hasta niveles inferiores a los 3 nanogramos.

Los prietroides se degradan al ser expuestos a la luz solar y, en el medio ambiente, acaban por desaparecer. Pero su uso extendido hace que siempre estén presentes y se acaben acumulando.