Derrotismo en Río+20: “Los líderes políticos no han venido a salvar el planeta, en realidad han venido a salvar la cara”
De una cita histórica, la cosa va a quedar en poco más que una débil declaración de intenciones, al menos eso parece. Pero no adelantemos acontecimientos porque hoy miércoles, día 20 de junio, da comienzo la cumbre de Río+20, que acoge Brasil hasta pasado mañana para, en teoría, intentar conseguir un mundo sostenible, más justo y respetuoso con el medio ambiente.

Pero quizás sólo en teoría, porque tras unas interminables y difíciles negociaciones entre las 193 naciones representadas en Naciones Unidas, el borrador del documento final que se firmará el viernes ha resultado ser un auténtico fiasco.

La cumbre de Río+20 empieza envuelta en la densa bruma de un pesimismo general, no sólo desde el activismo, cosa habitual y no por ello menos justificada, sino también por parte de los mismos negociadores. Y no es para menos, sobre todo teniendo en cuenta preacuerdo consensuado ayer mismo in extremis, con retraso y finalmente sin contentar a nadie. Pero consensuado, que es lo que se buscaba a toda costa, razón por la que ha sido calificado de “débil”, “falto de ambición” o “decepcionante”.

Tales han sido los adjetivos empleados por muchos de los negociadores, como por ejemplo los delegados europeos. Otros agentes sociales no han sido tan delicados o diplomáticos: “Creía que los líderes habían venido a salvar el planeta. Ahora veo que vienen a salvar la cara”, espetaba Rémi Parmentier, de la consultora The Varda Group, mientras Kumi Naidoo, director ejecutivo de Greenpeace, definió el documento como “un fracaso épico”. Por su parte, por ejemplo los conservacionistas WWF no tuvieron reparo en interpretar el resultado como una clara evidencia de “la colosal falta de liderazgo y visión de los diplomáticos”.

Miedo al fracaso

La falta de acuerdo en temas claves puede acabar con un tibio acuerdo que acabe por no resultar efectivo, y sobre todo demuestra que el mundo no consigue entenderse cuando se trata de ser solidarios, de sacrificarse, de ceder soberanía y de hacer renuncias en favor de los países más pobres o del planeta. Pero esa es otra historia, y a la vez la misma historia de siempre…

Brasil es un anfitrión nada dispuesto a repetir el sonado fracaso Copenhague en 2009 (COP15), y tras seis meses sin acuerdo, en dos días ha forzado un consenso, eso sí, aún a riesgo de presentar un borrador tan desmayado como el que finalmente se ha presentado.

No habrá un Gobierno ambiental mundial

La falta de acuerdo en temas claves ha hecho que el documento no esté a la altura de lo esperado, ni de lejos. Uno de sus mayores fracasos ha sido la renuncia a crear una Organización Mundial del Medio Ambiente. Es decir, la ONU no tendrá una agencia específica para gobernar los temas ambientales del planeta, y habrá que conformarse con un refuerzo del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

La financiación, cómo no, ha sido otra cuestión frustrada: no habrá recursos económicos para costear proyectos verdes que vayan impulsando la tan deseada economía verde mundial. Tras duras negociaciones, el texto pactado sólo menciona posibles fuentes de financiación que habrán de definirse en el 2014.

Un hilo de esperanza

Por aquello de que la esperanza es lo último que se pierde, en teoría, al menos, los líderes podrán ir más allá del texto del borrador negociado por sus representantes, ser ambiciosos en sus negociaciones. ¿Lo harán? Lo cierto es que no se esperan cambios sustanciales, sobre todo en lo que respecta a los puntos clave de la declaración.

La parte positiva de las negociaciones es, como dijimos, el fortalecimiento del Pnuma y también la creación de un foro de alto nivel para que las políticas, por lo menos, no olviden la importancia de ser sostenibles. Muy poco o nada queda, pues, de aquella necesidad tan urgente de conciliar de forma vinculante necesidades ambientales, ecónomicas y sociales.

Organizada por la ONU, la cita internacional reunirá a casi dos centenares de líderes políticos de todo el mundo (habrá notables ausencias, como la del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, la de Ángela Merkel, canciller alemana, o la del primer ministro del Reino Unido, David Cameron) que, junto a otros representantes sociales debatirán y concluirán con la aprobación de un texto final. Veremos en qué acaba la cosa con tanto plantón de peces gordos, por lo visto infinitamente más preocupados por la crisis económica que ambiental. Os lo contaremos. Con toda nuestra alegría o pesar, pero os lo contaremos, de eso no hay duda.