Descubren una nueva especie de mono en África que es tímido y come capullos de flores
Habemus una nueva especie de mono. Nueva, al menos, para la ciencia, que la cataloga ahora, bautizándola con el nombrecito de Carcopithecus Iomamiensis, si bien el descubrimiento científico llegó mucho más tarde que los detestables cazadores, buenos conocedores de la especie desde hacía mucho tiempo.

Fue en junio de 2007 cuando unos investigadores descubrieron a un extraño mono enjaulado en un pueblo de Opala, en la República Democrática del Congo. Preguntando a sus dueños supieron que localmente se les conocía como Iesulas, y que el mono enjaulado era un huérfano cuya madre había sido una víctima más de la caza.

Tras hacer un seguimiento del animal durante meses, así como de algunos ejemplares más cautivos, finalmente también hallaron otros en libertad en la zona. Hasta que, como prueba definitiva, se estudiaron muestras de ADN en el laboratorio para concluir que se trata de una especie única.

Además de darse un aire a la famosa restauración del Eccehomo de Cecilia Giménez, ya fuera de bromas, la especie es muy similar a otra conocida con el nombre de Cercopithecus hamlyni, tanto en su físico como en su comportamiento, pero la ciencia considera que las diferencias son suficientes como para tener que distinguirlas.

La distribución del C. Iomamiensis es de unos 17.000 kilómetros cuadrados en la cuenca central y este del Congo, y su carácter tímido le lleva a moverse en grupos reducidos. Curiosamente, para los investigadores fue difícil encontrar ejemplares en el bosque, si bien no cesaban de escuchar sus gritos desde todas partes.

Su alimentación herbíbora le hace sentir debilidad por los capullos… de flores, las hojas y los trozos de fruta. No les ocurre lo mismo a sus depredadores, que se los cargan sin escrúpulos, se llamen leopardos, águilas o rifles. Por lo tanto, preservar la especie requiere un control “urgente” de estos peligros, especialmente de la caza humana, para lo que sería necesario declarar su hábitat una zona protegida. Por suerte, ésta se encuentra junto a la Reserva Natural de Sankuru, por lo que hacerlo permitiría cuidarlos y, a su vez, salvar también otros tesoros de la biodiversidad que habitan en la cuenca central congoleña.