Desperdiciamos un tercio de la producción mundial de alimentos
El riesgo de inseguridad alimentaria crece conforme aumenta la población a nivel mundial. Pero no sólo eso, porque también lo hace a consecuencia del desperdicio de alimentos, tanto por lo que supone de pérdida de recursos alimentarios como por el daño ocasionado al medio ambiente.

Según un informe de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) un tercio de los alimentos producidos se desperdician, lo que supone un derroche de 750 mil millones de dólares anuales (excluyendo los productos del mar) y un buen varapalo a la salud del planeta.

El estudio señala que los alimentos que se producen en los países en desarrollo se desperdician por problemas en el origen del proceso, sobre todo los relacionados con deficientes técnicas utilizadas en la cosecha, mientras otro tipo de desperdicio no menos gravoso se debe a un reprochable comportamiento del consumidor.

Afecta al medio ambiente

La pérdida de alimentos afecta al medio ambiente al provocar innecesarias emisiones de carbono, despilfarro de agua y la reducción de la biodiversidad, ya que la agricultura acaba con áreas silvestres al ampliarse las zonas de cultivo.

Tal y como señala la FAO, “cada año, los alimentos producidos sin ser consumidos causan un gasto de agua equivalente al caudal anual del Volga en Rusia y son responsables de generar en la atmósfera 3.300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero”.

Desperdiciamos un tercio de la producción mundial de alimentos
Los alimentos que se malogran en mayor medida son los cereales en Asia, así como la carne en el mundo rico y en América Latina, fundamentalmente. Reducir esta dilapidación podría hacer innecesarios o, si se quiere, más efectivas, las propuestas de que comamos insectos o de que nos hagamos vegetarianos para combatir la inseguridad alimentaria. Otra opción, si las cosas no cambian, sería convertir la basura orgánica en alimentos.