El desperdicio de comida contribuye al cambio climático
La comida desperdiciada es un problema social, es la prueba de que el sistema no funciona: una parte de la humanidad arroja a la basura comida en buen estado mientras otra parte (que son millones de personas) se muere de hambre. Millones de gente obesa y millones en los huesos. Pero, además, el desperdicio de comida también es un problema climático, ya que es el tercer mayor contribuyente al este problema ambiental.

Las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha calculado que un tercio de los alimentos producidos en el mundo se desperdicia. A partir de este porcentaje, han calculado el impacto ambiental de los alimentos provenientes de la agricultura que no se comen, así como los efectos climáticos del metano que emiten los alimentos que se pudren.

Los resultados han sido publicados en un informe. En total, por esta causa se emiten en el mundo unas 3,3 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente, lo que supone ser el tercer emisor de CO2, sólo superado por lo que emite China y lo que emite Estados Unidos.

Además, el desperdicio de alimentos también supone un desperdicio de agua. La huella hídrica, esto es, el agua potable que se podría ahorrar si no se produjeran esos alimentos que acaban en la basura, es de, aproximadamente, 250 kilómetros cúbicos, lo que equivale a la descarga anual de agua del río Volga. Por último, los alimentos no consumidos hacen inútiles casi 1,4 millones de hectáreas de tierra, cerca del 30% de la superficie agrícola del mundo.

En países ricos y en países en desarrollo, por distintos motivos

El desperdicio de comida contribuye al cambio climático
En definitiva, el desperdicio de alimentos no sólo es socialmente reprobable, sino que supone un desperdicio de tierra y agua y contribuye al calentamiento global.

En los países ricos, una gran parte de los alimentos desechados son los que no se consumen y los que no se venden en la tiendas por su mal aspecto aunque sean totalmente saludables. La FAO calcula que algunos agricultores llegan a arrojar a la basura entre el 20 y el 40% de su cosecha porque no cumple los requisitos de imagen del minorista que compra su producto. En los países en desarrollo, la mayor parte de la comida se pudre perdida en algún lugar entre el campo y el mercado debido a la insuficiente refrigeración y a las cadenas de suministro ineficientes. La FAO estima que desperdiciamos 750.000 millones de dólares en comida producida y no aprovechada (sin contar mariscos y capturas incidentales).