Después de más de un año protestando sobre un árbol, tiene que bajar por un incendio
La vida puede ser muy irónica, como cantaba Alanis Morissette. Miranda Gibson ha estado más de un año viviendo en un eucalipto, a una altura de 60 metros, para que no talaran el bosque. Pero, finalmente tuvo que descender a tierra porque se produjo un incendio forestal. Miranda Gibson es una exmaestra de 31 años. Subió al árbol en diciembre de 2011.

El bosque pertenece a una empresa maderera que tiene una plantación de eucaliptos en la isla de Tasmania. A unos kilómetros del lugar, se declaró un incendio. Si se quedaba en el árbol, su vida correría peligro. Así que Gibson decidió bajar del enorme y viejo árbol (se calcula que tiene unos 400 años de edad), lenta y silenciosamente.

Los pies de la activista tocaron el suelo por primera vez en 450 días. Aunque ha tenido que abandonar el lugar, ha declarado que ella seguirá luchando. De momento, ha conseguido que, el que ya se conoce como el árbol de Miranda, en vez de convertirse en un montón de astillas de madera, sea Patrimonio de la Humanidad.

Miranda Gibson ha dicho que seguirá totalmente comprometida en la lucha hasta que se ponga fin a la tala de bosques primarios en Tasmania. Algunas áreas de la zona han sido propuestas para que se conviertan en Patrimonio de la Humanidad, como Butlers Gorge o Styx Valley.

Tecnología para estar en contacto con el mundo

Después de más de un año protestando sobre un árbol, tiene que bajar por un incendio
Durante la protesta, Gibson ha recibido críticas. Algunas personas la han acusado de estar recibiendo ayuda de la asistencia social. Acciones como ésta ayudan a que mucha gente, miles de personas en todo el mundo, conozcan este tipo de bosques y lo importante que es conservarlos.

Durante lo que ha durado la protesta, valiéndose de la tecnología, ha impartido conferencias ambientales en línea y ha mantenido un blog. También tiene una página en Facebook y se comunica a través de Skype cuando está en el árbol. Ha batido el récord de permanencia en un árbol de Manfred Stephens, que pasó 208 días entre las ramas en 1995.