Detener HidroAysén es apostar por otras renovables
Progreso económico, agua y electricidad para todos, al tiempo que se respeta el medio ambiente. Y a las comunidades indígenas. Una ecuación difícil de cuadrar. La construcción del complejo hidroeléctrico HidroAysén, en mitad de la Patagonia, es el más conocido, pero no es el único proyecto polémico.

Algunos países de Latinoamérica viven un buen momento económico. En algunos casos, histórico. Con previsiones de crecimiento de más de un 4% nadie quiere echar el freno al desarrollo. Aunque este crecimiento sea a costa del medio ambiente.

Sin duda, en muchas regiones latinoamericanas, entre otras, la Patagonia, la principal fuente de riqueza son los recursos naturales. Así, el debate está servido: cómo conciliar progreso económico con respeto al medio ambiente. Hay muchos actores implicados, con intereses contrapuestos, unos con más peso político y económico, con más poder, en definitiva, que otros: Gobiernos, empresas multinacionales, asociaciones ciudadanas y ecologistas.

A más de mil quinientos kilómetros al sur de la capital de Chile, en uno de los rincones más aislados y vírgenes del planeta, se libra una verdadera batalla entre estos grupos. Se enfrenta una parte importante de la sociedad con empresas privadas del sector energético. Cómo acabe la batalla será importante, no sólo para este proyecto en concreto, sino para futuros proyectos similares, ya que sentará un precedente.

La filial chilena del gigante hispano-italiano Endesa y la local Colbún pretenden construir el complejo hidroeléctrico HidroAysén, integrado por cinco centrales generadoras ubicadas sobre los ríos de origen glaciar Baker y Pascua, más una línea de alta tensión para llevar la energía a la región central del país. El proyecto cuenta con la aprobación del Gobierno de Chile. El objetivo es que funcione a pleno rendimiento a partir de 2020, con una capacidad de generación de 2.750 megavatios. La principal razón para defender el proyecto es que las necesidades energéticas crecen, debido a la buena marcha de la economía, a un ritmo anual del 6%.

Pero, de momento, las obras se encuentran paralizadas, ya que el Consejo de Defensa de la Patagonia Chilena ha interpuesto demandas judiciales. Dicha agrupación cuenta, no sólo con el apoyo de organizaciones ambientalistas, sino también con el de particulares y políticos chilenos de distintos sectores.

Además, se han producido varias manifestaciones pacíficas contra un proyecto que alterará el equilibrio ecológico de una zona de gran valor natural como la Patagonia. Pero, más allá de este caso en concreto, se reivindica un cambio de modelo de generación, transmisión y distribución de energía eléctrica. Se pide que este modelo no esté basado exclusivamente en la iniciativa privada y que se apueste por otras renovables.

¿Es conveniente crecer sin freno?

Chile no cuenta con grandes reservas de combustibles fósiles ni otras fuentes energéticas. Así, si quiere mantener el crecimiento económico, debe cambiar su matriz generadora. Por eso se defiende la generación hidroeléctrica: es una fuente segura, pues proviene de un recurso natural propio; es sostenible, ya que es un método de generación poco contaminante; y ofrece competitividad, pues es un proceso eficiente y que, por tanto, a la larga, reducirá el coste de la electricidad. Ésa es, al menos, la teoría. La historia demuestra que el coste de la electricidad para el consumidor nunca se abarata.

Los defensores del proyecto avisan que las alternativas son las centrales termoeléctricas, alimentadas con carbón o petróleo y, por tanto, más contaminantes y más caras.

¿Y qué ocurre con las renovables? En la actualidad, constituyen el 5% de la matriz energética de Chile. Para llegar a un 20%, que sería lo ideal, falta voluntad política. Con todo, aunque se lograra, habría que cubrir el 80% restante.

En cambio, para los detractores de HidroAysén, la construcción de la gran presa no es más que una estrategia de distracción para no abordar la cuestión de fondo: el desarrollo decidido de las renovables.