Deuda ecológica: lo que los países ricos deben a los pobres
Durante años, los países ricos han prestado dinero y ayuda a los países pobres o en desarrollo, pero, claro, a un precio, a un interés, un dinero que había que devolver. Un sistema, en definitiva, que ha aumentado las diferencias entre pobres y ricos.

Pero, ¿qué ocurriría si esa deuda no se viera desde un punto de vista económico, sino ecológico? Entonces, la situación cambiaría radicalmente. Serían los países ricos los que deberían algo a los países de donde sacan las materias primas necesarias para el desarrollo. Hace tiempo que algunas ONG y movimientos ecologistas piden que se tenga en cuenta esta deuda ecológica. No sólo por justicia. Sino porque es algo indispensable para desarrollar una economía sostenible y justa y asegurar el futuro del planeta.

Los países que más se han enriquecido desde que comenzó la Revolución Industrial, que, por otra parte, son los que más han contribuido históricamente al cambio climático, deben responsabilizarse de la deuda histórica con los países empobrecidos.

La deuda ecológica es la deuda acumulada por los países ricos frente a los países pobres por el expolio de sus recursos, por los daños ambientales que no han reparado, por la ocupación gratuita o mal pagada de su espacio ambiental para depositar residuos, por las consecuencias que están sufriendo debido al cambio climático y, en general, por cualquier tipo de contaminante, y por la pérdida de soberanía alimentaria. La deuda ecológica es mucho mayor que la económica.

La más conocida en estos últimos tiempos quizá sea deuda del carbono. Los países más desarrollados tienen un consumo energético mucho mayor que los países pobres y, por tanto, contribuyen mucho más al cambio climático. Sin embargo, las consecuencias de esta contaminación por carbono son injustas, ya que son globales, no afectan a quien contamina, sino a todos.

Además, cada vez está más claro que el cambio climático contribuye al aumento de fenómenos naturales extremos, como lluvias torrenciales, largos períodos de sequía, inundaciones, etc., que afectan más a los países situados en los trópicos, países que cuentan con peores infraestructuras.

La otra gran deuda de los países ricos es hacer que los países más pobres pierdan su soberanía alimentaria. Porque para que los ciudadanos de los países ricos tengan todo tipo de productos para consumir, hay que crear grandes superficies de monocultivos en países pobres o en vías de desarrollo, utilizando, además, fertilizantes, plaguicidas y agua, así como semillas modificadas genéticamente. En definitiva, un verdadero atentado ambiental.