Día de la Tierra
El día 22 de abril es el “Día de la Tierra”. Este año las reivindicaciones se centran en la adopción de medidas para frenar el cambio climático, ya que la mayor parte de las organizaciones ecologistas consideran este problema como el más grave para la Tierra y, por ende, para la supervivencia humana.

Pablo Cotarelo, de Ecologistas en Acción, subrayó que la celebración del Día de la Tierra “tiene que espolear a los que toman decisiones políticas a llevar a cabo estrategias y decisiones mucho más ambiciosas (…). Es una fiesta para el planeta que nos sustenta, un día de reivindicación para que la protección del planeta redunde en nuestro beneficio más necesario”.

Aída Vila, de Greenpeace, ha explicado que la conmemoración del Día de la Tierra es una oprtunidad para retomar el debate y prepararse para la próxima Conferencia de las Partes sobre Cambio climático que se celebrará en noviembre en Cancún (México). Hay que “recordar a los políticos que tienen que aumentar su grado de ambición y retomar las negociaciones para alcanzar un acuerdo justo y legalmente vinculante”. Reclama que la Unión Europea aumente sus compromisos de reducción de emisiones hasta el 30 por ciento.

Me quedo con las declaraciones de Mar Asunción, de WWF, quien lamenta que aunque en las cuatro décadas de existencia del Día de la Tierra se ha avanzado mucho en materia de sensibilización social, pues la gente entiende que el medio ambiente es algo a proteger, “no está muy claro cómo se traslada esto a los hechos”. Por ello “el problema es mucho más grave hoy” y sigue siendo necesario celebrar este día, pues el cambio climático es sólo un indicador de que “las cosas no van bien”, a causa del “ritmo de ‘desarrollismo'” y el consumismo que va a un ritmo “más rápido” que la capacidad de recuperación y de las posibilidades de la Tierra.

Y es que al fin y al cabo, la responsabilidad está en nuestras manos. No echemos sin más la culpa a los políticos: están “ahí arriba” porque nosotros así lo consentimos. Tampoco echemos sin más la culpa a las multinacionales, mientras no cesamos de consumir masivamente sus productos.