Día Internacional de los Bosques 2014
Érase una vez un antiguo reino cuyo territorio ocupaban en buena parte unos bosques hermosos, unas zonas forestales de ensueño que eran el hogar de una biodiversidad fantástica, cuajadas de flores y arroyos saltarines que traían agua pura de las montañas. Aquellos árboles y su privilegiado hábitat eran lugar de recreo para sus habitantes, inspiración para su arte y fuente de riqueza…

¿Te gustaría vivir en un lugar así? A mí sí, sin dudarlo, ¿y a quién no?. Por desgracia, ese reino no existe. Son sólo palabras, el comienzo de una bonita historia que inventa un mundo en el que sobraría un Día Internacional a los Bosques, pues el respeto por el entorno sería la norma.

Este idílico lugar nada tiene que ver con nuestro mundo, lo que significa que es muy necesario dedicar como mínimo una jornada al año a reflexionar acerca de las barbaridades que estamos haciendo a nuestros bosques. Y ese día ha llegado. El 21 de marzo, Día Mundial de los Bosques se se celebra hoy, una fecha más triste que alegre.

Los bosques son necesarios

Proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas hace 42 años, la conmemoración busca celebrar los enormes beneficios que nos reportan todos los tipos de bosques y árboles en general, así como sensibilizar sobre las grandes amenazas que se ciernen sobre ellos.

Dependemos de los bosques para sobrevivir. Ninguna especie, ni siquiera la humana, podría hacerlo sin ellos. No en vano, los bosques son la principal fuente de oxígeno y agua dulce de la Tierra, además de generar suelos fértiles, alimentos y una innumerable lista de recursos que los hacen un bien imprescindible.

Tal y como recuerda en este día la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, los bosques y los árboles “nos proporcionan comida, aire y agua limpios, salvaguardan la biodiversidad y frenan el cambio climático”. Son, en suma, grandes protectores. Todo lo que les afecta a ellos (incendios, privatizaciones, contaminación, talas, etc.) también nos afecta a nosotros, hasta el punto de que de su buen estado depende la supervivencia del planeta.