10 consejos ecológicos para ahorrar en calefacción
El invierno está a la vuelta de la esquina. Como todos los años, las temperaturas caerán y la factura de la calefacción subirá. Y subirá… ¿Hasta dónde? Saber cuánto lo hará es una incógnita, pero lo cierto es que dependerá, en gran medida, de cómo hagamos las cosas.

En este post encontrarás trucos y consejos eco-amigables para ganar en eficiencia energética a la hora de hacer frente al frío invierno. Algunos pueden ponerse en práctica al momento, otros requieren una cierta preparación o incluso hacer obras.

En todos los casos, solo aplicando varios de ellos conseguiremos resultados que realmente valgan la pena. Cuantos más, mejor, obviamente… A continuación, veamos diez maneras de acercarnos a nuestro objetivo:

1. Aprovecha la domótica

La domótica puede ayudarnos a hacer un uso eficiente de la energía en el hogar, incluyendo la calefacción. Para conseguir los mejores resultados no dejes que los automatismos hagan de las suyas.

Simplemente, gestiona tú las opciones en función de tus necesidades reales. Una vez hecho, entonces sí, automatizamos nuestro equipo domótico. No olvidemos que los algoritmos no siempre se adaptan a lo más eficiente.

10 consejos ecológicos para ahorrar en calefacción
También es interesante utilizar aplicaciones que nos ayuden a llevar la contabilidad del gasto de calefacción en función de determinadas costumbres o parámetros. El uso de estos adelantos tecnológicos nos puede ayudar a ahorrar un buen porcentaje.

Pero la programación no solo es sinónimo de domótica. O, si se prefiere, los programadores que incluyen los mismos aparatos pueden considerarse una domótica básica.

No ahorraremos energía si programamos el aparato para funcionar a un nivel mínimo durante todo el día cuando está la casa vacía. Caldear el ambiente supone despilfarrar dinero y recursos energéticos. Es decir, contaminar y gastar más de lo necesario.

¿Qué tal si encendemos la estufa al llegar a casa? Aunque pasemos unos minutitos de frío, pronto mejorará la situación. O, si el frío es insoportable o preferimos no pasarlo, programemos un temporizador para que se encienda un ratito antes de que lleguemos a casa.

2. Abrígate bien

Ir bien abrigados dentro de casa es clave para no tener que subir la temperatura en exceso. Si notamos que hace frío, no vayamos directamente a encender la estufa. Antes hay que taparse bien y volver a preguntarse si realmente es necesario hacerlo.

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3. Una temperatura ideal

Cuando decidamos encender la calefacción, tengamos claro que el confort no significa poder ir ligeros de ropa y/o, por ejemplo, sin calzado por la casa. La temperatura idónea en casa es de 21 grados centígrados y de 17 en los dormitorios cuando nos acostemos.

Aumentar un solo grado supondrá tener que pagar una factura un 8 por ciento más cara y, por lo tanto, también aumenta el impacto ambiental de forma considerable.

4. Aisla la casa

Aislar la casa puede significar muchas cosas: desde colocar cintas selladoras en puertas y ventanas o tapar rendijas hasta colocar aislantes en el interior o exterior de la casa cuando se construye.

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En cualquier caso, el aislamiento es una de las medidas más eficaces a la hora de detener el consumo energético con la calefacción y el aire acondicionado. Se trata de una inversión que vale la pena, pues a medio acaba amortizándose.

5. Comida y bebidas calientes

Llevar una dieta adaptada a la climatología es fundamental para poder sobrellevar olas de calor y de frío. No solo hemos de aumentar las calorías para no quedarnos cortos cuando bajan las temperaturas, sino que además importa la manera de cocinar y la temperatura al comer.

Comer sopas y guisos calentitos y las bebidas también calientes nos ayuda a no pasar frío. El simple hecho de tomar una taza entre las manos y acercar la cara para que el vapor nos caliente la cara supone un buen alivio.

6. Revisa y limpia los equipos

Como mínimo una vez al año hemos de echar un vistazo a las estufas o, si es una caldera de gas, hacerle la revisión correspondiente. A la hora de limpiar las estufas no usemos agua y hagámoslo siempre estando desenchufados. Si no funcionan bien podrían gastar de más y calentar menos.

7. Bombas de calor

Las estufas eléctricas consumen mucha energía, pero conocer los distintos tipos y adaptarlos a las distintas necesidades puede hacer una gran diferencia. Por ejemplo, las de aceite son convenientes cuando se usan durante largas horas y los calefactores solo convendrán para usos muy esporádicos, no más de unos minutos. Entre otros, puede interesar para utilizarse en el cuarto de baño.

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Por su parte, la bomba de calor puede utilizarse para calefaccón y aire acondicionado con alta eficiencia energética. Valoremos la posibilidad de que funcionen con energías renovables y tengan tecnología inverter para evitar cambios de temperatura rápidos.

8. Opta por la biomasa

La biomasa es una procedente de la materia orgánica como restos de ramas, hojas, huesos de olivas que se usa como combustible en chimeneas, calderas y estufas. Con ellas se puede ahorrar hasta un 50 por ciento, si bien se requieren unas instalaciones que no todos los hogares pueden albergar.

9. ¿Y qué tal la solar?

Los paneles solares o térmicos instalados en el techo o en el suelo nos dan energía aprovechable para generar electricidad, calefacción o agua caliente. Eso sí, con limitaciones, porque a partir de una determinada producción el impuesto al sol resultan disuasorios.

10. La solución de la geotérmica

No podíamos finalizar este post sin mencionar la energía geotérmica. Se obtiene directamente del calor del interior de la tierra y con ella se puede generar electricidad o agua caliente. Las instalaciones dependerán de las necesidades energéticas y el ahorro rondará el 50 por ciento.