Dióxido de carbono para producir combustibles
Investigadores europeos han descubierto un sistema para transformar el dióxido de carbono (CO2) en combustible útil y sin generar contaminación en el proceso. De este modo, se matarían dos pájaros de un tiro: por un lado, se estaría reduciendo la contaminación por CO2 o, lo que es lo mismo, luchando contra el cambio climático, y, por otra parte, también se reduciría la dependencia respecto a los combustibles más contaminantes (los hidrocarburos).

Si se mejora la tecnología, se calcula que, en 2016, pueda ser implantada a nivel industrial. El avance más importante de este nuevo descubrimiento científico es que el proceso se realiza con energía solar y, por tanto, la transformación de CO2 en combustible se consigue de forma limpia.

La técnica que se usa en el experimento es electrocatalítica y permite convertir el CO2 en combustible útil. Para ello, se ha usado en laboratorio un catalizador de partículas de platino y paladio en nanotubos de carbono. Con el sistema se obtienen hidrocarbonos que pueden convertirse en gasolina y diésel. Los más optimistas creen que en diez años existirán reactores de energía solar suficientemente potentes para convertir el CO2 en combustible.

De momento, el proceso sólo es capaz de convertir un 1% del dióxido de carbono en combustible. Pero el camino está abierto. Sólo hay que mejorar la técnica y los procesos. Se van a hacer pruebas con más temperatura y en un espacio más grande, pues se cree que la eficacia de la transformación pueda ser mucho mayor. En gran parte, el resultado depende de la eficacia del sol al trabajar sobre el agua para separar el oxígeno, ya que la energía para conseguir producir el proceso proviene del astro rey.

El estudio, financiado dentro del VI Programa Marco de la Comisión Europea (VIPM), es un proyecto de investigación conjunta en el que participan varias instituciones y universidades europeas: el Instituto Max Planck de Alemania, la Universidad Louis Pasteur de Francia, la Universidad de Patras de Grecia y la Universidad de Mesina en Italia. El investigador jefe, Gabriele Centi, profesor de esta última universidad italiana, ha comentado:

La conversión de CO2 en combustible no es un sueño, sino una posibilidad real que requiere más investigación.

Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los científicos es que el dióxido de carbono es un gas muy estable, es decir, que sus enlaces químicos son muy difíciles de romper. Ojalá descubran pronto la clave para separar el carbono de forma eficiente.