¿Por qué lo ecológico no siempre es ético ni saludable?
Del mismo modo que algunos de los productos cotidianos más insospechados y aparentemente inofensivos son peligrosos para la salud, también los ecológicos pueden resultar contraproducentes, en mayor o menor medida. E igualmente, la producción ecológica puede no ser tan sostenible como imaginamos y afectar a la salud del planeta.

Ocurre con buena parte de los champús, desodorantes, lavavajillas, ambientadores, sartenes y envases alimentarios y botellas o vasos de plástico contienen sustancias tóxicas bioacumulables, es decir, nos van envenenando lenta e imperceptiblemente. Es decir, también lo bio puede tener inconvenientes para la salud de las personas y, a su vez, polucionar el medio ambiente cuando se producen y también luego, al convertirse en desechos.

Lo natural no siempre es verde

Será fácil entenderlo si partimos de un hecho: lo natural no siempre es inocuo, obviamente, y, por ende, lo orgánico tampoco. Del mismo modo que lo natural puede provocar alergias o toxicidad en determinadas personas, ese alimento o cosmético, entre otros ejemplos, es susceptible de tener un efecto adverso.

Por otra parte, ni la energía renovable es inofensiva (entre otros impactos, las aspas de las turbinas eólicas acaban con la vida de muchas aves) ni lo “natural” lo es tanto ni lo orgánico tan orgánico como se nos asegura en las etiquetas. Mientras el marketing puede llegar a límites insospechados vendiéndonos paisajes bucólicos vacas o gallinas ponedoras felices y, en fin, una naturaleza idílica, la realidad es muy otra. Ni siquiera los sellos ecológicos nos garantizan que un producto sea eco-amigable y, ya puestos, en muchos casos no se recicla lo que religiosamente separamos en casa y luego introducimos en los contenedores de reciclaje.

¿Por qué lo ecológico no siempre es ético ni saludable?
Si, además, entendemos el concepto de ecológico de un modo amplio, idealmente los productos deberían proceder del comercio justo o de un sistema similar, basado en una nueva economía que prima lo local, más solidaria y ética con los trabajadores, respetuosa con el entorno y con la materia prima, en especial cuando esta son seres vivos. ¿Utopía? Ecología, simplemente. Un ideal por el que luchan activistas ambientales, defensores de los derechos del ser humano y animalistas en todo el mundo.

Sigue habiendo impacto ambiental

Sin necesidad de entrar en detalles, es impepinable que el entorno ambiental se resiente de la producción de cualquier cosa, desde alimentos a productos ambientales. Un claro ejemplo son los coches ecológicos, por muy eléctricos que sean, y lo mismo cabe decir de la fabricación de bicicletas, el medio de transporte sostenible por excelencia. Luego, eso sí, su uso minimiza ese impacto ambiental y acabamos consiguiendo una huella de carbono negativa, con lo que se considera ecológica, aunque localmente haya podido provocar impactos de distinto tipo.

¿Por qué lo ecológico no siempre es ético ni saludable?
Por lo tanto, siempre será más ecológico no desplazarse que hacerlo y, de ponernos en marcha, será más preferible ir andando que en bici, aunque bien pensado al caminar gastamos la suela del zapato, y a largo plazo quizá acabe siéndolo menos. Es decir, en la práctica lo ecológico no deja de ser un concepto contextualizado, que significa una mayor o menor sostenibilidad en términos relativos.

Productos contaminantes en envases eco

Del mismo modo, a nivel de packaging lo ecológico puede ser sinónimo de sostenibilidad, pero no siempre ello irá acompañado de un producto bio, sino simplemente referirse solamente al envase o envoltorio, sin más. Un champú en envase reciclable o un agua mineral con botella que contenga un porcentaje de bioplástico que anuncian a bombo y platillo su contribución al medio ambiente podrían estar ocasionando graves impactos en el entorno y en nuestra salud relacionados con otros aspectos, como con la misma composición del jabón y, en el caso del agua, con su transporte o, pongamos por caso, con la presencia de BPA en el resto del envase.

¿Por qué lo ecológico no siempre es ético ni saludable?
De nuevo, se imponen las prácticas ecológicas frente a los productos, que por muy eco que sean nunca lo serán tanto como el beneficio ambiental logrado cuando reducimos el uso, reutilizamos y reciclamos, convirtiendo las tres erres de la ecología en filosofía de vida. Y, en cuestión de envases, el más ecológico es el que no existe.

Productos bio que no son bio

Lo ecológico no implica garantía de ausencia de pesticidas, etc., los certificados no siempre son estrictos, puesto que hay excepciones. Incluso los sellos europeos las tienen, y de hecho desde las mismas instituciones europeas se quiere acabar con su excesiva permisividad endureciendo los criterios para el producto ecológico.

Ello significa que existen lagunas, con lo que no acaba de ofrecerse información veraz, acorde con la realidad de cada producto y, al mismo tiempo, el exceso de excepciones e incluso la misma existencia de las mismas hacen que los huevos, carne, vegetales o los mismos plaguicidas o abonos empleados se definan como tal aunque no lo sean todos sus ingredientes.

Hay una serie de vacíos que se desean subsanar mediante un proyecto de reglamento europeo para evitar que el consumidor acabe perdiendo la confianza en el logo europeo. A su vez, también hay que considerar que la ciencia va descubriendo constantemente nuevos factores y problemas asociados a prácticas e ingredientes que hasta ahora no se consideraban perjudiciales.

¿Por qué lo ecológico no siempre es ético ni saludable?

Fraudes y problemas inevitables

Lógicamente, no todos los factores pueden controlarse. Nada impide, por ejemplo, que un campo cultivado de forma ecológica no acabe produciendo una cosecha contaminada por la contaminación de la tierra o del aire. De igual manera que poco puede hacerse si al fabricar miel bio las abejas liban en flores de cultivos cercanos o lejanos en los que haya plantas transgénicas.

Lo ecológico, por último, no implica garantía contra el fraude. Puesto que todo lo bio tiene un gran tirón en el mercado y los precios suelen ser más altos, acaba siendo un imán para prácticas fraudulentas. Aunque los sellos ecológicos (unos más que otros, también es cierto) suponen una cierta garantía, siempre existe la posibilidad de fraude.

Son sonados los casos de mataderos británicos que dicen llevar a cabo un sacrificio “humanitario” pero que, a la hora de la verdad, se sacrifica a los animales con una aberrante crueldad. El consumidor se encuentra la carne bien empaquetada, con sus respectivas etiquetas tranquilizadoras, indicando que el animal sufrió lo mínimo y que tuvo una vida idílica.

¿Por qué lo ecológico no siempre es ético ni saludable?
No hay que ser un lince para saber que en muchos casos no es así, tal y como demuestran los durísimos vídeos grabados con cámaras ocultas del grupo proteccionista Animal Aid. No solo denuncian un absoluto desprecio por el rito halal o un incumplimiento sistemático de las distintas normativas, entre ellas la relativa a la carne bio, sino que en todos ellos los trabajadores son crueles hasta el extremo.

Aún sin mediar una crueldad manifiesta ni contravernirse las leyes de la normativa ecológica, el cumplimiento no implica ausencia de maltrato animal o del entorno. Sí, será en menor grado, no cabe duda, pero no deja de ser una situación indeseable. Las gallinas corretearán en lugar de estar en jaulas, comerán cereales bio en lugar de pienso convencional, las vacas saldrán unas horas a pastar afuera, se sacrificará de forma menos cruenta, pero no deja de ser una granja, y no deja de ser un matadero.