Ecologiza tu mente
Cuidar de nosotros y cuidar del medio ambiente viene a ser lo mismo. Como dice aquel proverbio indígena, “el día que hayáis envenenado el último río, abatido el último árbol y asesinado el último animal, os daréis cuenta de que el dinero no se puede comer”.

La eficiencia es la máxima a seguir si de ecologizar nuestro hogar o lugar de trabajo se trata. La idea no es tanto convertirla en una ecocasa, sino más bien actuar dentro de nuestras posibilidades para hacerla medioambientalmente amigable. Es decir, se trata de gastar los recursos energéticos, el agua, etc. de un modo inteligente para ahorrar dinero, respetar el entorno y al tiempo obtener el bienestar o eficacia que buscamos.

Comprar electrodomésticos de bajo consumo y con prestaciones adaptadas a nuestras necesidades, tender en lugar de usar secadora, aprovechar la luz natural, no dejarse los grifos abiertos o hacer un uso racional del aire acondicionado son ejemplos de actitudes verdes. Otras medidas más ecológicas, en sentido estricto, se relacionan con el uso de energías renovables, el reciclaje o con el consumo de productos ecológicos a todos los niveles, incluyendo el alimentario.

Cuidar el planeta

Más allá del ámbito doméstico, lo ecológico abarca la salud del planeta considerada como un entorno que hay que preservar, evitando contaminar, abocar a las especies a la extinción, los incendios o el cambio climático. Sin embargo, la situación es crítica en éstos y otros muchos aspectos, por lo que es fundamental concienciar a la humanidad con el fin de detener esta debacle. De no lograrlo, el futuro próximo nos traerá desastres medioambientales nunca vistos, advierten los expertos.

Ecologiza tu mente
Aunque buena parte de las agresiones ambientales no dependen del ciudadano, también es cierto que existen muchas maneras a nuestro alcance para proteger el medio ambiente a la vez que ahorramos y cuidamos de nuestra salud. O, lo que es lo mismo, al mismo tiempo que construimos un mundo mejor. De lo contrario, como dice un proberbio chino, la falta de respeto acabará pasándonos factura: “Cuando la rabia te hace escupir contra el cielo, siempre acabas escupiendo a tu propia cabeza”.