El agua de Madrid podría contener residuos radioactivos
La depuradora más antigua de Madrid se conoce como la China. Según algunos documentos del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) en los lodos y aguas de esta depuradora se han detectado isótopos radiactivos de origen hospitalario y otros de origen artificial que podrían proceder del cementerio nuclear que hay bajo las instalaciones del CIEMAT, organismo dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación.

Algunos grupos ecologistas y políticos están exigiendo al Ayuntamiento de Madrid, propietario de la depuradora, que instale medidores de radiactividad para comprobar los niveles de contaminación de las citadas instalaciones. En caso de ser así, la depuradora se debe desmantelar.

De momento, ni el CSN ni el Ayuntamiento de Madrid se han manifestado al respecto del asunto. Por su parte, la concejal de Medio Ambiente, Ana Botella, cuya actuación más sobresaliente respecto al grave problema de contaminación de la ciudad ha sido aconsejar a los ciudadanos que no hagan deporte en la calle, sigue sin atender el problema. Y, si se echa un vistazo en su carrera política frente a este tipo de problemas, es bastante probable que nunca lo haga. Mientras, el estado de la salud pública en Madrid empeora día a día. Primero, al aire. Luego, el agua.

Según los informes del CSN, los isótopos radiactivos detectados en las guas de la depuradora la China hay algunos de origen hospitalario (Se-75, Cr-5 e I-131). Esto demuestra que varios centros hospitalarios vierten ilegalmente sus residuos radiactivos al alcantarillado público madrileño. Si bien estos isótopos son menos peligrosos que los de origen artificial, su actividad radiológica sólo desparece por completo al cabo de cien días.

La depuradora de la China da servicio a once distritos de Madrid. En 2004, un delegado sindical solicitó la realización de un estudio radiológico de la planta, la colocación de medidores de radiactividad y un reconocimiento médico de toda la plantilla potencialmente afectada, después de conocerse la enfermedad de un trabajador cuya dolencia, según los médicos, estaba relacionada con la exposición a radiaciones ionizantes. Lo que consiguió fue su despido, que después fue declarado nulo por el Tribunal Supremo.

En 2006, fue Greenpeace la que denunció que en la zona deportiva y recreativa infantil del CSN se había detectado la presencia de plutonio.