El cemento debe reducir su impacto ambiental
La industria del cemento debe reducir considerablemente su impacto ambiental. Durante los últimos años, se han realizado avances tecnológicos y mejoras para proteger el medio ambiente. Principalmente con el funcionamiento de nuevos hornos que mejoran la eficiencia energética, el aprovechamiento del material, el reciclado, la gestión de los residuos. Todo gracias a la sustitución de combustibles fósiles por otros menos contaminantes como biomasa o la introducción de equipos de control y reducción de emisiones.

El problema de los hornos es que son de grandes dimensiones, requieren una enorme cantidad de energía para conseguir temperaturas superiores a los 2000ºC, expulsando todo tipo de emisiones como partículas de polvo, gases como dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, monóxido y dióxido de carbono. Sin olvidar los cloruros, fluoruros, compuestos orgánicos tóxicos y metales pesados. Una verdadera bomba para el medio ambiente.

Es por eso que la producción de cemento es una fuente de emisión de dióxido de carbono (CO2) a la atmosfera, un gas que potencia el efecto invernadero producido por el cambio climático. Las empresas cementeras saben perfectamente que deben mejorar sus procesos para reducir la contaminación, ser más eficientes y por lo tanto más competitivas. Por eso, muchas ya han obtenido certificados ambientales que demuestran la voluntad de reducir su impacto sobre el medio.

Las actuales fábricas de cemento tienen capacidad suficiente para reciclar y valorizar diversos tipos de residuos, reduciendo la necesidad de comprar nuevas materias primas y evitando el problema que generan los residuos.