El círculo vicioso de la contaminación agrícola
Cuando los medios hablan de contaminación, todo el mundo mira hacia el cielo, algunos dirigen su mirada al mar, pero muy pocos miran al suelo. El terreno también sufre sus efectos de la contaminación acumulada: reducción de la producción agrícola. En efecto, los contaminantes que se depositan en suelo reducen considerablemente la productividad de los cultivos, lo que dificulta el objetivo de agricultura sostenible.

Pero además, todo el mundo sale perdiendo, al reducirse la productividad de las cosechas, los agricultores recurren utilizan más a los fertilizantes y pesticidas que, al mismo tiempo, aumentan la contaminación por nitratos del suelo y de las aguas subterráneas. Efectivamente, los mismos agricultores en sus ansias de producir más cantidad son los responsables de la alta contaminación de sus propias tierras. Lo conocemos como el círculo vicioso de la contaminación agrícola.

¿Los agricultores no se dan cuenta? Sí, claro que se dan cuenta, pero ante las dificultades de una agricultura sostenible, optan por la supervivencia a corto plazo. El nitrógeno es fundamental para el crecimiento de las plantas. Para evitar que se agote, los agricultores aplican de manera masiva y descontrolada todo tipo de fertilizantes nitrogenados y el riego abundante. Entonces, las plantas absorben parte de esos productos, el resto se filtra a través del subsuelo con las aguas de riego, contaminando los acuíferos y ríos.

Este problema es doblemente negativo. Por una parte, reduce la productividad del cultivo y además altera las leguminosas, plantas que absorben el nitrógeno del aire gracias a unas bacterias que se hallan en sus raíces, y facilita la tarea a la agricultura al controlar el uso de fertilizantes. Por eso se dice que el cultivo de leguminosas, mezclado con otras especies vegetales, forma una de las prácticas agrícolas ecológicas más recomendadas para aumentar la fertilidad del suelo y por lo tanto su calidad.