El Costa Concordia puede provocar un vertido
Que el Costa Concordia no sea un petrolero, que sea un buque para el transporte de viajeros, no significa que su hundimiento no provoque una gran catástrofe medioambiental. Es un enorme crucero, con 292 metros de eslora, 114.000 toneladas de peso y que viajaba con 4.329 personas a bordo, una embarcación, en definitiva, que nunca se hubiera pensado que se hundiría.

Pero parece que nadie contaba con que las personas nos equivocamos, como parece que erró el comandante del barco, Francesco Schettino, de 52 años, que se acercó hasta unos 150 metros de la costa de Toscana, a una pequeña isla del mar Tirreno, en Italia, causando una tragedia que ya cuenta con seis víctimas mortales. Por si fuera poco, y contradiciendo la famosa frase del código marítimo, el capitán no fue el último en abandonar el barco, sino el primero.

Pero el problema sólo acaba de empezar, pues el buque contiene 2.380 toneladas de petróleo que hay que controlar si no se quiere que se derramen en las maravillosas costas italianas. Según los buzos que están a cargo de las labores de localización y rescate de los casi treinta pasajeros que aún no han aparecido, un fuerte ruido hace sospechar de que la enorme embarcación puede seguir inclinándose, aumentando el riesgo de vertido.

Si esto sucede, el daño medioambiental que provocaría sería gravísimo, afectando la isla de Giglio, en la Toscana italiana, y a todo el ecosistema marítimo de la zona.

El terrible accidente, por lo demás, de momento ya ha tenido un coste económico de unos 93 millones de dólares y, sobre todo, pone de nuevo sobre la mesa el debate acerca de la seguridad de estas enormes embarcaciones que, en caso de accidente, son muy difíciles -por no decir, imposible- de controlar. Por desgracia, no es sólo el propio barco, sino también el combustible (y otros líquidos contaminantes) que son necesarios para que se mueva por el mar y que pueden acabar derramándose por el agua.