El crecimiento económico de Turquía pone en peligro la fauna marina de la zona
Turquía es una economía en crecimiento en un contexto de crisis. Pero el crecimiento insostenible tiene su parte negativa, en especial, para el medio ambiente. Lo que se ha convertido en una revolución pacífica en Ankara y Estambul y otras ciudades turcas comenzó como una protesta ecologista en contra de un proyecto para construir un centro comercial en la plaza Taksim de esta última ciudad. Ahora, el primer ministro turco, Erdogan, se enfrenta con una fuerte oposición a su política y a su actitud totalitaria.

El proyecto de la plaza Taksim no es el único problema ambiental al que debe hacer frente el Gobierno de Turquía. Las políticas de desarrollo económico ponen en grave peligro a marsopas, delfines y otras especies marinas, cuya población disminuye peligrosamente.

En el sur del Bósforo, el estrecho de Estambul, que separa Europa y Asia, vive un grupo de delfines mulares. A menudo, los delfines chocan contra los barcos, buques que transportan combustible y otro tipo de carga o cruceros que llevan miles de turistas a conocer la increíble mezcla de culturas que es Estambul.

El agua de Estambul albergaba antaño una rica biodiversidad marina: peces espada, tortugas marinas y focas monje del Mediterráneo, entre otras especies. Estas últimas han desaparecido de la zona, así como muchas poblaciones de peces.

Una de las vías navegables más usada del mundo

El crecimiento económico de Turquía pone en peligro la fauna marina de la zona
El estrecho es una de las vías navegables más usada del mundo (debido a su situación geográfica) en la que diversas especies de cetáceos han logrado sobrevivir. En el Bósforo habitan delfines comunes y pequeñas marsopas, algunos ejemplares todo el año, otros marchan al Mar Negro en la temporada migratoria.

Todas estas especies de cetáceos están clasificadas como en peligro de extinción o vulnerables. El rápido desarrollo en la costa de Turquía y la sobrepesca son una grave amenaza para estas poblaciones.

Según científicos y ecologistas, el Gobierno del primer ministro Erdogan sólo se interesa por el desarrollo económico, sin tener en cuenta el medio ambiente. En la plaza Taksim de Estambul iban a talar cientos de árboles para levantar un centro comercial y, en el mar, la fauna marina no va a frenar el transporte de mercancías. Lo importante es el dinero (que va a parar a ciertas empresas y al Gobierno), mientras que la alimentación humana y el medio ambiente no se tienen en cuenta.

Aunque justo es reconocer que el exterminio de los cetáceos comenzó mucho antes de que Erdogan llegara al poder. Según un estudio, en toda la zona (Mar Negro, Mar Egeo, el Bósforo, Mar de Mármara y los Dardanelos) murieron unos 6 millones de delfines y marsopas en el siglo XX. Turquía prohibió la matanza de cetáceos en 1983, pero otras amenazas se ciernen sobre estos animales.